Una fuerte tormenta golpeó cultivos en tres provincias y dejó una señal de alerta cuando el campo comienza a definir la campaña gruesa 2026/27.

Una fuerte manga de granizo registrada a fines de agosto de 2026 atravesó zonas productivas de Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos y provocó unas 600 denuncias por daños en lotes de trigo y cebada, según datos difundidos por La Segunda Seguros. La cifra cobra especial relevancia porque multiplica por cinco el mayor registro de agosto de la última década para la compañía y aparece justo cuando el productor argentino empieza a tomar decisiones sobre la campaña gruesa 2026/27, con una inversión importante por delante y el clima nuevamente instalado entre las principales variables de riesgo.
El fenómeno comenzó en la zona de Río Cuarto, avanzó hacia Marcos Juárez, atravesó territorio santafesino y alcanzó Entre Ríos, entre Victoria y Paraná. Carlos Comas, gerente de Riesgos Agropecuarios de La Segunda Seguros, explicó que el máximo de denuncias por granizo registrado por la firma durante un agosto de los últimos diez años había sido de 120 casos. Esta vez fueron 600. El salto expone la velocidad con la que un evento climático puede modificar el resultado económico de una campaña, incluso antes de que la gruesa termine de ponerse en marcha.

Campaña 2026/27: el clima vuelve a meterse en los números del productor
El dato aparece en un momento sensible para el negocio agrícola. Las decisiones sobre soja y maíz no dependen solamente de precios, márgenes, retenciones, costos de insumos o logística: la exposición climática puede terminar definiendo el resultado final por hectárea. A eso se suman las expectativas sobre un posible escenario de El Niño intenso. Desde La Segunda sostienen que una mayor frecuencia y severidad de eventos refuerza la necesidad de incorporar las coberturas dentro de la planificación y no recién después de ocurrido un siniestro.

Los biológicos ganan terreno: qué está mirando el productor antes de incorporarlos
El escenario productivo también obliga a mirar cultivo por cultivo. De acuerdo con las proyecciones citadas de la Bolsa de Comercio de Rosario, la producción de maíz 2026/27 podría retroceder 7,3% frente al ciclo anterior, con una caída especialmente concentrada en el norte argentino. En paralelo, la soja podría recuperar terreno y captar cerca de 600.000 hectáreas que dejarían de sembrarse con maíz. Para una Argentina que necesita sostener producción, exportaciones y generación de divisas, cualquier alteración climática de magnitud termina excediendo la tranquera.

Seguro agrícola: de cubrir el granizo a proteger el capital invertido
La discusión de fondo pasa así por la administración del riesgo. Las coberturas disponibles para soja, maíz y girasol pueden comenzar con la protección tradicional contra granizo y sumar daños ocasionados por vientos fuertes, heladas en momentos críticos e incendios sobre cultivos en pie o rastrojos. También existen adicionales vinculados al planchado del suelo y a la reposición de costos de insumos cuando es necesario resembrar. La lógica es proteger parte del capital comprometido por hectárea frente a variables que el productor no puede manejar.
Dentro de esa estrategia también aparecen esquemas que acompañan más de una etapa productiva. El denominado Pack Ciclo Productivo, por ejemplo, contempla condiciones para productores que aseguran sobre una misma superficie un cultivo de fina y posteriormente una gruesa de segunda. El concepto apunta a mirar el riesgo durante todo el ciclo y no solamente ante un episodio puntual. En campañas con costos elevados y márgenes que pueden cambiar rápidamente, asegurar deja de ser únicamente una decisión técnica para convertirse también en una variable financiera.

Las 600 denuncias de agosto funcionan, en ese sentido, como una señal temprana. Nadie puede anticipar dónde caerá la próxima tormenta ni cuál será su intensidad, pero el antecedente muestra el nivel de exposición que enfrenta la agricultura argentina. Con la campaña gruesa avanzando, el desafío vuelve a ser producir más sin dejar desprotegida una inversión que depende, en buena medida, de lo que ocurra en el cielo. Para el productor, la ecuación de la 2026/27 ya no pasa solamente por qué sembrar y a qué precio vender: también por cuánto riesgo está dispuesto a asumir.
