La Bolsa de Cereales respaldó la baja de retenciones y reclamó avanzar hasta eliminarlas para impulsar inversión, tecnología, producción y exportaciones.

Marra recordó que en mayo el Gobierno anunció una reducción de las alícuotas para trigo y cebada, del 7,5% al 5,5%, y un sendero posterior para otros cultivos. El esquema fue formalizado mediante el decreto 423/2026 y contempla disminuciones graduales para soja, maíz, girasol y sorgo, con un horizonte que se extiende hasta 2028. Desde la Bolsa consideran que esos movimientos representan una señal favorable, aunque pretenden ir más lejos. La eliminación progresiva de los DEX aparece así como uno de los principales reclamos del sector, bajo el argumento de que modificaría los incentivos económicos desde la producción primaria hasta la exportación.

Para el agro, la discusión excede lo que queda en el bolsillo después de vender una tonelada de granos. La Bolsa sostiene que una reducción de la presión tributaria puede ampliar la capacidad de invertir en maquinaria, fertilización, genética y tecnología, con efectos sobre contratistas, acopios, corredores, cooperativas, industrias y exportadores. En ese esquema, cada tonelada adicional producida tiene impacto más allá de la tranquera, tanto por el movimiento económico en el interior como por su potencial aporte de dólares. Sin embargo, la entidad advirtió que las retenciones son apenas una pieza del problema competitivo argentino.
Menos impuestos no alcanzan: logística, semillas y agregado de valor
La agenda planteada por Marra incluye infraestructura, logística, financiamiento, apertura de mercados, simplificación tributaria y regulatoria, innovación, propiedad intelectual y previsibilidad. El diagnóstico pone sobre la mesa una dificultad histórica: producir más pierde impacto si transportar esa producción hacia los puertos continúa siendo caro o ineficiente. Rutas, ferrocarriles, accesos portuarios y vías navegables aparecen entonces como factores económicos tan relevantes como la presión impositiva. En la competencia regional, esos costos terminan definiendo cuánto del potencial productivo argentino puede convertirse efectivamente en exportaciones.
Otro frente decisivo será la discusión por una nueva regulación de semillas. La Bolsa considera que la Argentina necesita un esquema que genere incentivos suficientes para la inversión en genética e innovación y, al mismo tiempo, permita que las nuevas tecnologías lleguen al productor. El objetivo declarado es encontrar un modelo equilibrado, moderno y viable para toda la cadena de valor. En un mercado agrícola global en el que productividad, trazabilidad y tecnología ganan peso, la discusión deja de ser exclusivamente jurídica: puede determinar la velocidad con la que el campo argentino incorpora herramientas para elevar rindes y competir.
La mirada también alcanza a los biocombustibles. Con el avance legislativo de una nueva ley, el sector observa una posibilidad de transformar mayores volúmenes de soja, maíz y caña de azúcar en energía, inversiones y empleo. Allí aparece uno de los debates estructurales del agro argentino: exportar materias primas o profundizar el agregado de valor dentro del país. Una expansión de los biocombustibles podría aumentar la demanda doméstica de granos y generar nuevas inversiones industriales, aunque su desarrollo dependerá finalmente de las condiciones regulatorias que establezca el nuevo marco.
El III Outlook Mercosur, incorporado al lanzamiento de la campaña, llevó la discusión hacia la próxima década y hacia una región con condiciones para consolidarse como gran abastecedora mundial de alimentos, energía y biomasa. Para la Argentina, el desafío será transformar esa capacidad en negocios mientras sus vecinos también buscan ganar mercados. Brasil, Uruguay y Paraguay forman parte de un tablero regional en el que costos, infraestructura, reglas e innovación pesan cada vez más sobre la competitividad. La ventaja productiva, por sí sola, ya no garantiza capturar las oportunidades que abre la demanda internacional.
La señal de la Bolsa de Cereales es, en definitiva, doble. El sector valora la reducción de las retenciones, pero considera que el camino económico recién comienza. El desafío será comprobar si una menor presión tributaria puede combinarse con infraestructura, financiamiento, tecnología, mejores semillas y reglas previsibles para transformar potencial en toneladas y toneladas en exportaciones. La Argentina conserva recursos, conocimiento y una potente cadena agroindustrial; la disputa económica pasa ahora por crear las condiciones para que esa capacidad produzca más valor, empleo y divisas.
