Ante el riesgo de anegamientos, una guía técnica detalla cómo manejar pasturas, alimentación, sanidad y traslados para proteger la hacienda.

Ante la posibilidad de excesos hídricos vinculados con El Niño, especialistas difundieron en septiembre una serie de recomendaciones para que los productores ganaderos anticipen el manejo del rodeo antes de que campos y caminos pierdan transitabilidad. El trabajo fue elaborado en Chaco y pone el foco en diagnosticar cada potrero y organizar con tiempo las pasturas, las reservas de alimento, la sanidad y los eventuales movimientos de hacienda. La cuestión resulta clave porque esperar a que el agua avance puede reducir las alternativas disponibles, complicar la logística y elevar los costos productivos.
El punto de partida es conocer exactamente qué ocurre en cada lote. José Roselló, investigador y uno de los autores del informe técnico, sostiene que antes de decidir movimientos o suplementaciones es necesario establecer qué hacienda puede permanecer, cuál necesita alimentación adicional y cuál debería trasladarse. Para eso deben evaluarse el tipo, la intensidad y la duración del exceso de agua, la superficie comprometida y el estado de pasturas y pastizales. También entran en juego el pisoteo, la compactación, los daños provocados por el escurrimiento y, especialmente, la capacidad que tendrá la vegetación para recuperarse cuando el agua retroceda.

La salida del agua, de hecho, no significa automáticamente que el lote vuelva a estar disponible. Un ingreso anticipado de los animales sobre los primeros rebrotes puede perjudicar la recuperación de las plantas y comprometer la oferta futura de forraje. En terrenos con el piso saturado, una alternativa es reducir las horas de permanencia de la hacienda. Marcelo Pamies, especialista en pasturas, explica que el «pastoreo por horas» permite aprovechar sectores transitables con forraje acumulado, mediante ingresos de hasta cuatro horas diarias y un manejo de las franjas con alambrado eléctrico. El objetivo es aprovechar el alimento disponible sin sumar un deterioro difícil de revertir.
Del destete al traslado: las decisiones que pueden proteger al rodeo
La alimentación se convierte en otro frente decisivo cuando disminuye la disponibilidad de pasto. En rodeos de cría, la recomendación es establecer prioridades: primero las hembras de reposición y luego los vientres, especialmente las vacas preñadas con baja condición corporal o poco diente. Después aparecen los vientres preñados en buen estado, las vacas vacías, los toros y los novillitos. En escenarios restrictivos, el destete adquiere especial importancia: separar los terneros permite concentrar su alimentación en superficies reducidas y, al mismo tiempo, disminuir los requerimientos nutricionales de las madres y aliviar la presión sobre las reservas forrajeras.
La experiencia de productores que ya enfrentaron campos bajo agua muestra hasta qué punto anticiparse puede resultar determinante. En el norte de Santa Fe, un productor ganadero debió retirar alrededor de 100 animales de un establecimiento anegado y trasladarlos hacia un campo más alto. El operativo incluyó unos cinco kilómetros de arreo por sectores cubiertos de agua, con apoyo de caballos y lanchas, y otros cinco kilómetros por tierra firme. La emergencia dejó además una consecuencia productiva concreta: la pérdida de alrededor de 15 terneros y la necesidad de alquilar otra superficie para poner a resguardo el rodeo.

El caso expone un problema que va mucho más allá de sacar los animales del agua. Cuando el traslado se vuelve inevitable, también hay que resolver dónde alojar la hacienda, cómo alimentarla y cuánto costará sostenerla fuera del establecimiento. Por eso, identificar con anticipación potreros altos o campos alternativos puede convertirse en una decisión económica además de productiva. En zonas bajas, islas y áreas ribereñas, esperar hasta último momento suma otro riesgo: que los caminos queden cortados y un movimiento convencional de hacienda termine convertido en un operativo mucho más complejo.
También importa qué alimento almacenar y cómo distribuirlo. La recomendación es priorizar productos con alta concentración de proteína y energía, que resulten más sencillos de transportar durante una emergencia. Para los comederos se plantea disponer entre 30 y 50 centímetros por animal, conformar grupos de categorías similares y evitar lotes superiores a las 200 cabezas. Cuando se incorpora una nueva ración, el acostumbramiento debería realizarse gradualmente durante cinco días para reducir trastornos digestivos. En campos amenazados por el agua, contar anticipadamente con reservas y definir dónde suministrarlas puede marcar la diferencia entre una suplementación planificada y una respuesta improvisada.
La sanidad completa ese esquema preventivo. Victoria Rossner, investigadora especializada en el área, advierte que la humedad, los movimientos y la concentración de animales pueden favorecer la aparición de distintos problemas sanitarios. Entre las medidas señaladas aparecen revisar las vacunaciones contra enfermedades clostridiales y leptospirosis, controlar la carga de garrapatas y monitorear las parasitosis internas, además de prestar especial atención a los terneros recién nacidos o al pie. El plan sanitario debe adaptarse a cada establecimiento y contemplar también las condiciones del lugar de destino cuando resulte necesario movilizar animales.

Para los establecimientos que puedan verse obligados a sacar hacienda, la logística debería resolverse antes de que los caminos se vuelvan intransitables. Esto incluye mantener existencias y vacunaciones actualizadas ante el Senasa, verificar la identificación del rodeo, localizar potreros altos o zonas seguras y garantizar previamente agua y alimento. En islas y áreas ribereñas bajas, la recomendación adquiere especial importancia: mover los animales mientras todavía sea posible circular. Esperar puede significar no solo mayores costos, sino también menos alternativas para proteger las categorías más vulnerables.
Frente a El Niño, entonces, la estrategia no pasa únicamente por reaccionar cuando el agua ya ingresó al campo. Diagnosticar los lotes, ajustar la carga, preparar reservas y decidir anticipadamente qué animales permanecen, cuáles se suplementan y cuáles deben trasladarse permite reducir riesgos y preservar la capacidad productiva del establecimiento. La experiencia de los productores que ya tuvieron que sacar hacienda entre campos anegados deja una enseñanza concreta: cuando la transitabilidad desaparece, las opciones se achican. En ganadería, anticiparse al agua puede convertirse en una de las decisiones más importantes de toda la campaña.
