El acuerdo comercial de Milei con EE.UU. enfrenta trabas y el agro mira con atención

El pacto con Estados Unidos enfrenta obstáculos para avanzar en el Congreso. Carne, aranceles y acceso a mercados ponen al agro en alerta.

El acuerdo comercial firmado por Argentina y Estados Unidos el 5 de febrero de 2026 enfrenta dificultades para avanzar hacia su ratificación, mientras el Gobierno de Javier Milei habría planteado a la administración de Donald Trump la necesidad de revisar sus condiciones, según informó Bloomberg este martes 22 de septiembre. El Ejecutivo argentino habría transmitido que no cuenta actualmente con los votos necesarios en el Congreso. La discusión importa especialmente para el agro porque el entendimiento contempla cambios arancelarios, apertura de mercados y condiciones de acceso que pueden modificar el negocio de distintas cadenas exportadoras.

El denominado Acuerdo sobre Comercio e Inversiones Recíprocos (ARTI) fue firmado en Washington por el canciller Pablo Quirno y el representante comercial estadounidense Jamieson Greer. Su objetivo declarado es reducir barreras arancelarias y no arancelarias y profundizar el intercambio bilateral. El Gobierno argentino anunció en febrero que enviaría el acuerdo al Congreso para su tratamiento. Estados Unidos, por su parte, lo mantiene oficialmente entre sus acuerdos comerciales, aunque un informe de la USTR señala que el ARTI permanece pendiente de entrada en vigor, un punto central frente a las versiones conocidas ahora sobre las dificultades legislativas.

Carne, aranceles y acceso a mercados: qué está en juego para el agro

La discusión tiene un componente agroindustrial importante. Desde que se anunció el entendimiento inicial en noviembre de 2025, el Gobierno argentino destacó entre sus objetivos una ampliación significativa del acceso de la carne bovina argentina al mercado estadounidense y la eliminación de barreras no arancelarias para productos agroalimentarios. El texto firmado establece, además, que Estados Unidos aplicará un esquema revisado de aranceles recíprocos para determinados bienes argentinos. Para frigoríficos, productores y exportadores, las condiciones definitivas pueden incidir directamente sobre competitividad, precios y posibilidades de ganar participación en un mercado de alto valor.

Pero la apertura funciona en ambas direcciones y allí aparece otro aspecto relevante para el campo. El acuerdo contempla que Argentina otorgue preferencias a una amplia variedad de productos agrícolas estadounidenses y asuma compromisos para facilitar el ingreso de carne bovina, porcina, aves, lácteos y otros alimentos provenientes de Estados Unidos. Un informe oficial de la USTR señala que el país también se comprometió a otorgar acceso libre de aranceles a hasta 80.000 toneladas métricas de carne vacuna estadounidense hasta fines de 2026. La implementación del acuerdo, por lo tanto, supone nuevas oportunidades exportadoras, pero también una mayor competencia para determinadas cadenas locales.

El nuevo escenario surgió después del fallo de la Corte Suprema estadounidense sobre la herramienta legal utilizada por Trump para aplicar sus aranceles globales. Según Bloomberg, funcionarios argentinos consideran que ese cambio modificó el marco sobre el cual se negoció el acuerdo y buscan revisar sus términos. Desde Washington, sin embargo, la posición sería diferente: funcionarios estadounidenses habrían transmitido que renegociarlo no está sobre la mesa porque podría generar un precedente para otros países. La USTR sostuvo públicamente en febrero que el fallo no cambia la política comercial de Trump y que la administración utilizará otras herramientas legales para sostenerla.

El Congreso argentino aparece así como una pieza decisiva. El Gobierno había anunciado al momento de la firma que el entendimiento sería remitido al Poder Legislativo conforme a la Constitución. Ahora, de acuerdo con las fuentes citadas por Bloomberg, la administración Milei habría comunicado a Washington que no tiene asegurados los votos necesarios para ratificarlo. La información no fue confirmada oficialmente por la Cancillería ni por la USTR. Con el calendario legislativo acercándose a su tramo final, los tiempos políticos agregan otra variable a una negociación que inicialmente había sido presentada por ambos gobiernos como uno de los pilares de la nueva relación bilateral.

El agro mira una negociación que puede cambiar su acceso a EE.UU.

Para la Argentina agroexportadora, lo que ocurra con el acuerdo trasciende la relación política entre Milei y Trump. Estados Unidos es un mercado estratégico para carnes, alimentos y productos de las economías regionales, pero también un competidor agrícola con capacidad para ganar terreno en el mercado argentino. Las preferencias arancelarias, las cuotas y las barreras sanitarias pueden modificar esos flujos comerciales. Al mismo tiempo, Argentina necesita observar cómo esas concesiones interactúan con el Mercosur y con la competencia de Brasil, Uruguay y Paraguay por acceder a mercados internacionales con productos similares.

El contexto internacional agrega presión. Las cadenas agroindustriales ya no compiten solamente por precio y volumen: trazabilidad, requisitos sanitarios, propiedad intelectual, estándares técnicos y barreras no arancelarias tienen un peso creciente. El ARTI incorpora varios de esos capítulos y compromete cambios regulatorios que van mucho más allá de una reducción de aranceles. Para el productor argentino, la discusión puede parecer distante, pero sus consecuencias terminan llegando al negocio: determinan qué productos ingresan con preferencias, qué competidores obtienen mejores condiciones y cuánto cuesta colocar alimentos argentinos en uno de los mercados más grandes del mundo.

Por ahora, el acuerdo no está formalmente caído. La documentación oficial estadounidense continúa identificándolo como un acuerdo firmado y pendiente de entrada en vigor, mientras que la información publicada este martes apunta a diferencias sobre el camino para su ratificación. El interrogante para el agro es cómo terminará resolviéndose esa negociación y qué condiciones comerciales quedarán efectivamente vigentes. Para Argentina, que busca generar más dólares mediante exportaciones y agregar valor a su producción, el resultado puede definir oportunidades concretas para la carne y otros alimentos, pero también las condiciones de ingreso que recibirán los productos estadounidenses.

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