Nueva vacuna aviar: una herramienta clave contra un virus que afecta al sector

Una nueva vacuna contra una variante local de bronquitis infecciosa ya está disponible y promete reforzar la prevención sanitaria en la avicultura argentina.

La avicultura argentina incorporó en septiembre de 2026 una nueva vacuna atenuada contra la variante A13 del virus de la bronquitis infecciosa aviar, desarrollada por investigadores del INTA junto con Laboratorios INMUNER y aprobada por el Senasa para su comercialización. La novedad cobra relevancia porque esta variante circula desde hace años en establecimientos del país y hasta ahora no existía en el mercado una formulación comercial elaborada específicamente con una cepa homóloga. Su disponibilidad suma una herramienta sanitaria destinada a mejorar la prevención de una enfermedad capaz de provocar pérdidas productivas en pollos parrilleros, ponedoras y reproductoras.

El desarrollo tiene detrás un largo trabajo de vigilancia epidemiológica. Durante más de dos décadas, especialistas estudiaron las variantes genéticas del virus presentes en la Argentina y lograron identificar cinco. Tres tenían relación con cepas utilizadas en vacunas comerciales, pero otras dos carecían de formulaciones específicas. La A13 fue aislada en 2013 a partir de un caso de campo, en momentos en que la producción avícola atravesaba pérdidas importantes relacionadas con la enfermedad. Desde entonces, su presencia siguió registrándose en diferentes regiones productivas y en distintas categorías de aves, una persistencia que puso el foco sobre la necesidad de contar con estrategias de protección más ajustadas al escenario sanitario local.

La bronquitis infecciosa tiene una amplia distribución mundial y representa un desafío permanente para la producción intensiva de aves. Su impacto puede variar de acuerdo con la virulencia de cada cepa, las condiciones productivas y, especialmente, el grado de correspondencia entre los virus que circulan en el campo y las cepas incluidas en las vacunas. Los estudios realizados sobre A13 determinaron que presentaba una baja patogenicidad natural. En las evaluaciones experimentales no provocó enfermedad severa ni mortalidad, una característica que permitió avanzar con su análisis como candidata para el desarrollo de una vacuna atenuada dirigida específicamente a esta variante.

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De la vigilancia sanitaria a una herramienta para reducir pérdidas

Las investigaciones también pusieron bajo análisis el desempeño de las vacunas que ya se utilizaban en el país. Si bien las formulaciones disponibles otorgaban protección, los especialistas observaron una ventana que permitía que el virus de campo continuara circulando, incluso con registros de problemas sanitarios en establecimientos vacunados. A partir de esa evidencia se comparó el candidato desarrollado sobre la cepa A13 con las alternativas comerciales. Los resultados mostraron su potencial para complementar las estrategias existentes y fortalecer el control de una variante que lleva más de una década detectándose en la producción avícola argentina.

El proceso combinó investigación científica con capacidad industrial. Laboratorios INMUNER había aislado en 2007 un virus correspondiente a esta variante y trabajaba sobre un proyecto propio, mientras el equipo público avanzaba sobre una línea similar. Ambas iniciativas terminaron confluyendo mediante un convenio de vinculación tecnológica vigente desde 2016. El desarrollo científico, la caracterización epidemiológica y la experiencia productiva y regulatoria permitieron llevar el candidato desde el laboratorio hasta una vacuna comercial. El paso decisivo llegó con la aprobación y certificación del Senasa, que habilitó su comercialización y disponibilidad para los establecimientos avícolas.

Para la cadena avícola, el valor de esta incorporación no queda limitado al control directo de la enfermedad. Una protección sanitaria más ajustada al virus circulante puede ayudar a reducir problemas asociados con retrasos en el crecimiento, pérdida de eficiencia productiva e infecciones bacterianas secundarias. En un negocio donde conversión alimenticia, tiempos de producción y sanidad tienen incidencia directa sobre los costos, disminuir la circulación viral puede convertirse en una ventaja económica además de sanitaria. La herramienta deberá integrarse a los programas de prevención y bioseguridad de cada establecimiento, dentro de una estrategia diseñada según sus condiciones epidemiológicas y productivas.

La llegada de la vacuna también expone un desafío estratégico para la producción argentina: sostener sistemas de vigilancia capaces de detectar cambios en los patógenos antes de que se traduzcan en mayores pérdidas. La sanidad es un componente central de la competitividad de una cadena que necesita producir con eficiencia y responder a exigencias crecientes de los mercados. El caso de A13 muestra además el recorrido que puede existir entre la identificación de una variante local y una solución comercial concreta. Investigación sostenida, seguimiento epidemiológico, articulación con empresas y capacidad regulatoria aparecen así como piezas de una misma estrategia para proteger la producción avícola nacional.

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