El agro argentino logró un récord de exportaciones en nueve meses. El trigo, el girasol y el maíz impulsaron los embarques y el ingreso de divisas.

Argentina alcanzó un récord histórico de 88,9 millones de toneladas exportadas de granos y subproductos entre enero y septiembre de 2026, según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), difundido este 13 de octubre. El volumen representa un crecimiento cercano al 10% interanual y supera en casi 6 millones de toneladas el máximo anterior, registrado en 2021. El dato confirma el fuerte desempeño del complejo agroexportador argentino en un escenario internacional atravesado por tensiones logísticas y cambios en la oferta de los principales competidores. El resultado también fortalece las perspectivas de ingreso de divisas durante el último trimestre del año.
El desempeño cobra especial relevancia porque la Argentina consiguió superar su anterior marca histórica de 83 millones de toneladas, alcanzada cinco años atrás. El crecimiento estuvo sostenido por una mayor demanda externa de cereales y oleaginosas, con un protagonismo destacado del trigo, el girasol y los derivados de la soja. Para la economía nacional, el incremento de los embarques representa una señal favorable para la actividad portuaria, el transporte y la industria agroexportadora. Sin embargo, el volumen récord no implica necesariamente un máximo equivalente en dólares, ya que el valor final de las ventas también depende de los precios internacionales.

Trigo, girasol y soja: los cultivos que empujaron las exportaciones argentinas
El trigo fue uno de los grandes protagonistas del período. De acuerdo con el relevamiento de la BCR, los embarques alcanzaron 12,8 millones de toneladas, un 60% por encima del promedio de las últimas campañas. El girasol también mostró un desempeño extraordinario, con exportaciones superiores a 6,5 millones de toneladas, considerando semillas y productos industriales equivalentes. Ese volumen más que duplicó los registros históricos utilizados como referencia por la entidad. Los números reflejan la importancia de diversificar la oferta exportadora argentina y aprovechar las oportunidades comerciales que aparecen cuando se modifica la disponibilidad internacional de productos agrícolas.
La soja también aportó dinamismo, especialmente a través de su industrialización. Durante agosto y septiembre, Argentina despachó más de 6 millones de toneladas de harina de soja, un récord para ese bimestre que reafirma el peso del complejo oleaginoso en el comercio exterior. Este resultado tiene una importancia estratégica: además de exportar granos, el país cuenta con capacidad industrial para transformar materia prima en productos destinados principalmente a la alimentación animal. En un mercado donde Brasil mantiene una fuerte presencia como proveedor de soja, el agregado de valor constituye una herramienta central para sostener la participación argentina en las cadenas internacionales.

El maíz argentino gana competitividad y todavía tiene millones de toneladas por exportar
El maíz concentra una de las novedades más importantes del informe. Durante agosto y septiembre se exportaron 7,63 millones de toneladas, con un crecimiento superior al 29% en el bimestre. A su vez, el acumulado de la campaña comercial 2025/26 alcanzó 30,2 millones de toneladas hasta septiembre, un nivel 18% superior al promedio reciente. La Secretaría de Agricultura estimó una producción nacional de 72,5 millones de toneladas, mientras que las proyecciones de exportación se ubicaron en 45 millones. Sobre esa base, la Bolsa de Comercio de Rosario calculó un remanente de 14,7 millones de toneladas todavía pendientes de embarque.
Otro factor relevante fue la modificación de los derechos de exportación. Según el informe, la alícuota aplicada al maíz pasó del 12% al 8,5%, a partir del Decreto 423/2026, una reducción que favoreció su competitividad comercial. En términos económicos, la menor carga tributaria mejora el precio de exportación neto de impuestos y puede ampliar el margen disponible dentro de la cadena. Sin embargo, la rentabilidad efectiva del productor también depende del valor internacional, los costos de producción, el transporte y las condiciones de comercialización. El desafío será transformar esta mejora en mayor inversión, productividad y capacidad exportadora sostenida.

El contexto internacional también jugó a favor del cereal argentino. Las dificultades logísticas en el mar Negro alteraron los flujos comerciales, mientras que Brasil redujo su disponibilidad exportable ante el crecimiento del consumo industrial de maíz destinado a biocombustibles, según el análisis de la entidad rosarina. Esta combinación abrió oportunidades para la mercadería argentina en los mercados internacionales. La BCR destacó que el comienzo del último trimestre encuentra al maíz nacional entre los más competitivos del mundo. La situación demuestra cómo los cambios productivos y energéticos de otros países pueden modificar rápidamente las posibilidades comerciales de la Argentina.
Un dato adicional surge de relacionar las proyecciones del informe: los 14,7 millones de toneladas de maíz pendientes de exportación equivalen aproximadamente al 33% del programa previsto de 45 millones. Esto significa que, al cierre de septiembre, todavía quedaba por concretarse cerca de un tercio del volumen proyectado para toda la campaña. No se trata de ventas nuevas confirmadas, sino de una estimación del saldo exportable que deberá colocarse en los próximos meses. Su cumplimiento dependerá de la demanda externa, la competitividad de los precios, la logística y la evolución de los mercados internacionales.
El récord de 2026 confirma la capacidad de respuesta del agro argentino frente a una demanda internacional cambiante. No obstante, el desafío ya no pasa solamente por exportar más toneladas, sino por sostener la competitividad, mejorar la infraestructura logística y profundizar el agregado de valor. La competencia con Brasil y otros proveedores seguirá condicionando precios y destinos comerciales. Con un volumen histórico de embarques y un importante saldo de maíz por colocar, la Argentina ingresa al último trimestre con oportunidades concretas. La incógnita será cuánto de este crecimiento podrá consolidarse en las próximas campañas y traducirse en mayores ingresos para toda la cadena agroindustrial.
