Un estudio revela que desarrollar un nuevo ingrediente activo demanda 11,4 años y US$307 millones, mientras América Latina gana protagonismo en I+D.

Desarrollar un nuevo ingrediente activo para la protección de cultivos requiere actualmente una inversión promedio de US$ 307 millones y 11,4 años de trabajo, según un estudio sectorial difundido este 19 de octubre de 2026. La investigación, realizada por AgbioInvestor para CropLife International, reunió información de BASF Agricultural Solutions, Bayer Crop Science, Corteva, FMC y Syngenta. Los resultados reflejan cómo evolucionaron los costos de investigación, desarrollo y registro de nuevas moléculas destinadas a los mercados de Estados Unidos y Europa, y plantean interrogantes sobre el futuro de la innovación agrícola.
La magnitud del desafío se observa al comparar los resultados con los de hace tres décadas. En 1995, desarrollar una nueva molécula demandaba US$ 152 millones, mientras que el promedio actual alcanza US$ 307 millones, un incremento nominal superior al 100%. La comparación corresponde a dólares corrientes y no representa una medición ajustada por inflación. El relevamiento, realizado durante 2025 sobre ingredientes activos introducidos entre 2020 y 2023, también contempla los recursos destinados a investigar candidatos que finalmente no llegan al mercado. La inversión incluye tanto los desarrollos exitosos como los intentos descartados durante el proceso científico.

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El costo promedio de desarrollar y registrar una nueva molécula para protección de cultivos pasó de US$152 millones en 1995 a US$307 millones en 2020-2023, mientras el tiempo necesario para llegar al mercado aumentó de 8,3 a 11,4 años.
Fuente: AgbioInvestor para CropLife International, 2026.
El proceso involucra diferentes etapas de investigación científica, ensayos de eficacia, estudios toxicológicos, evaluaciones ambientales y procedimientos regulatorios. Actualmente, el desarrollo concentra el 45,1% de los costos, la investigación representa el 43,4% y el registro absorbe el 11,5% restante. Estas proporciones permiten comprender por qué la llegada de una nueva solución fitosanitaria requiere inversiones de largo plazo y capacidad financiera. También muestran que el costo de descubrir una molécula es solamente una parte del esfuerzo necesario para transformarla en una herramienta disponible para los productores.

El desarrollo concentra el 45,1% de la inversión necesaria para introducir una nueva molécula de protección de cultivos, seguido por la investigación (43,4%) y el registro (11,5%). Fuente: AgbioInvestor para CropLife International, 2026.
Investigación, ensayos y regulaciones: dónde se concentra la inversión
La investigación química constituye uno de los componentes más importantes del proceso, con un desembolso promedio de US$ 75 millones, seguida por los estudios biológicos, que demandan US$ 46 millones. Durante el desarrollo, los ensayos de campo representan otros US$ 59 millones, necesarios para evaluar el comportamiento de los productos en diferentes condiciones agronómicas. A estos gastos se suman investigaciones toxicológicas y ambientales, formulaciones y procedimientos de registro. El desafío para las compañías consiste en identificar moléculas eficaces y seguras antes de comprometer recursos adicionales en las etapas más costosas.
Costos de investigación, desarrollo y registro de una nueva molécula agrícola
| Etapa | Actividad | Costo (US$ millones) |
|---|---|---|
| Investigación | Química | 75 |
| Investigación | Biología | 46 |
| Investigación | Toxicología y química ambiental | 12 |
| Subtotal | Investigación | 133 |
| Desarrollo | Química y formulación | 32 |
| Desarrollo | Ensayos de campo | 59 |
| Desarrollo | Toxicología | 23 |
| Desarrollo | Química ambiental | 24 |
| Subtotal | Desarrollo | 138 |
| Registro | Evaluaciones regulatorias | 35 |
| Total | Proceso completo | 307 |
| Fuente: AgbioInvestor para CropLife International, mayo de 2026. |
La evolución de los gastos también refleja cambios en las estrategias de investigación. Los desembolsos vinculados con la síntesis de moléculas aumentaron 17,9%, hasta US$ 72,3 millones, mientras que las evaluaciones biológicas registraron una reducción cercana al 10%. En paralelo, crecieron determinados estudios de seguridad realizados durante las primeras etapas del proceso. Esta tendencia indica que las compañías están destinando mayores recursos a identificar riesgos antes de avanzar hacia fases de desarrollo que requieren inversiones considerablemente superiores. Descartar tempranamente un candidato sin perspectivas comerciales puede evitar pérdidas importantes.
El tiempo necesario para llegar al mercado constituye otra barrera. Mientras en 1995 el recorrido promedio era de 8,3 años, durante el período 2014-2019 llegó a 12,3 años y posteriormente descendió a 11,4 años. El estudio relaciona esta evolución con las mayores exigencias de información científica y regulatoria. Las diferencias entre jurisdicciones también resultan significativas: la renovación del registro de un ingrediente activo existente demanda en promedio US$ 15,3 millones en la Unión Europea, frente a US$ 1,5 millones en Estados Unidos. Estas cifras corresponden a procedimientos de reinscripción, no al costo de desarrollar una nueva molécula.
La presión económica sobre la investigación convive con una transformación tecnológica dentro de la industria. De acuerdo con el relevamiento de AgbioInvestor, la inversión promedio empresarial en investigación y desarrollo de productos biológicos para protección de cultivos creció 43,4%, hasta US$ 37 millones. En contraste, los recursos destinados a investigación química retrocedieron 9,3%, hasta US$ 336 millones. Aunque las soluciones convencionales continúan concentrando la mayor parte del presupuesto, los biológicos aumentan su participación dentro de las estrategias de innovación. La evolución refleja una diversificación tecnológica y no necesariamente una sustitución inmediata entre ambas alternativas.

La inversión en investigación y desarrollo de productos biológicos para protección de cultivos creció 43,4%, hasta US$37 millones, mientras que la destinada a soluciones químicas cayó 9,3%, hasta US$336 millones. Los valores corresponden a promedios por empresa. Fuente: AgbioInvestor para CropLife International, 2026.
América Latina gana espacio en la investigación mundial de protección de cultivos
Uno de los resultados más relevantes para el sector agropecuario regional es el crecimiento de la inversión dirigida hacia Centroamérica y Sudamérica, que alcanzó US$ 56 millones, con una expansión cercana al 20% respecto del relevamiento anterior. La región fue la única entre las analizadas que registró un aumento en este indicador y elevó su participación del 13% al 19%. Europa continúa liderando con US$ 105 millones, seguida por Norteamérica con US$ 92 millones. Sin embargo, la evolución latinoamericana muestra un cambio en la distribución geográfica de los recursos destinados a investigación y desarrollo.
Inversión regional dirigida a investigación y desarrollo
| Región | Inversión (US$ millones) | Participación informada |
|---|---|---|
| Europa | 105 | 34% |
| Norteamérica | 92 | No especificada |
| Centro y Sudamérica | 56 | 19% |
| Fuente: AgbioInvestor para CropLife International, mayo de 2026 |

América Latina elevó del 13% al 19% su participación en I+D de protección de cultivos, alcanzando US$56 millones. Fuente: AgbioInvestor/CropLife International, 2026.
Para países como Brasil, Argentina, México y Colombia, el crecimiento del interés empresarial por América Latina plantea oportunidades relacionadas con ensayos agronómicos, evaluación de nuevas tecnologías y desarrollo de soluciones adaptadas a distintas condiciones productivas. Sin embargo, los resultados no permiten determinar cuánto recibe cada país ni establecer una relación directa con nuevos registros comerciales. El desafío regional consiste en transformar ese interés en mayor capacidad científica, cooperación entre empresas e instituciones y acceso efectivo a innovaciones que respondan a problemas sanitarios específicos de los sistemas agrícolas latinoamericanos.
El escenario también abre interrogantes para las empresas que desarrollan productos fuera de patente. El informe identifica un incremento de los recursos destinados a estas soluciones, con inversiones promedio cercanas a US$ 11 millones, en un contexto de mayores costos para introducir ingredientes activos completamente nuevos. Para fabricantes, distribuidores y empresas de insumos agrícolas, la evolución puede modificar las estrategias comerciales y aumentar la competencia en determinados segmentos. Al mismo tiempo, las exigencias de registro y los costos de investigación seguirán condicionando la velocidad con la que nuevas herramientas llegan a los distintos mercados.
La transformación de la industria de protección de cultivos muestra que la competitividad ya no depende exclusivamente de descubrir nuevas moléculas. También requiere capacidad para financiar investigaciones prolongadas, responder a estándares regulatorios, desarrollar alternativas biológicas y adaptar tecnologías a las necesidades de los productores. Para América Latina, el aumento de su participación en la inversión internacional representa una oportunidad, aunque todavía no garantiza mayor acceso a la innovación. El verdadero desafío será convertir el creciente interés por la región en soluciones agronómicas disponibles, eficaces y económicamente viables para sus sistemas productivos.
