Un informe del INTA expone el impacto económico de evacuar ganado de las islas del Paraná y revela por qué la mayor pérdida llega después del traslado

La creciente del río Paraná volvió a poner bajo presión a la ganadería de las islas y este 20 de octubre de 2026 se conocieron los resultados de un estudio del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) que dimensiona el impacto económico de retirar la hacienda ante una emergencia hídrica. El relevamiento determinó que evacuar 500 animales puede demandar $29,52 millones, mientras que mantenerlos fuera del establecimiento podría sumar otros $38 millones mensuales de sobrecosto. Los números exponen un riesgo que va más allá del avance del agua: la pérdida de rentabilidad de una actividad condicionada por los ciclos del río.
El dato más preocupante no está únicamente en el operativo de evacuación, sino en la velocidad con la que una creciente prolongada puede comprometer las finanzas del productor. A diferencia de otros sistemas ganaderos, la producción en ambientes insulares depende de la disponibilidad de superficies altas, accesos navegables y campos alternativos donde alojar los rodeos. Una decisión tomada fuera de tiempo puede incrementar considerablemente los costos, especialmente cuando numerosos establecimientos necesitan contratar embarcaciones y movilizar animales simultáneamente. En ese escenario, la planificación deja de ser una cuestión logística para convertirse en una herramienta económica.

El costo de esperar: nueve millones de pesos que pueden evitarse
La investigación desarrollada por Matías Martínez, Ernesto Massa y Julián Girard, del INTA, examinó establecimientos ubicados en Villa Urquiza y las islas de Victoria, en Entre Ríos, y en las proximidades de Puerto Gaboto, Santa Fe. Para establecer una referencia económica, los técnicos utilizaron un sistema productivo de 600 cabezas, con necesidad de movilizar 500. En condiciones habituales, el traslado demanda $20,52 millones, pero durante una alerta hídrica aumenta a $25,92 millones y, ante una evacuación generalizada, alcanza los $29,52 millones. Los valores corresponden a septiembre de 2026.

Fitobioma: la ciencia que busca mejorar la productividad agrícola desde el suelo
La diferencia entre organizar el retiro con anticipación y hacerlo cuando la emergencia ya está instalada asciende a $9 millones, equivalentes a $18.000 adicionales por animal. El principal factor es el transporte fluvial, cuyo costo pasa de $18 millones a $27 millones. El establecimiento tomado como referencia requiere 18 viajes en embarcaciones con capacidad para 29 animales, aproximadamente tres jornadas de trabajo y la participación de 12 personas. Sin embargo, el problema no se limita a conseguir transporte: cuando el agua ocupa los sectores utilizados para reunir la hacienda, también disminuyen las posibilidades de realizar un arreo seguro y ordenado.
El análisis permite identificar una consecuencia económica adicional: el costo de la demora no crece de manera aislada, sino junto con las dificultades operativas. Cuando varios productores necesitan retirar animales al mismo tiempo, la disponibilidad de embarcaciones, personal y espacios de alojamiento puede transformarse en un cuello de botella. Además, las cifras del INTA no contemplan transporte terrestre, pérdidas de peso, problemas sanitarios, mortandad, daños en infraestructura ni el eventual regreso de la hacienda. Por lo tanto, los montos calculados representan una base operativa y no necesariamente el costo total que terminará afrontando cada establecimiento.

La crecida del río Paraná complica el traslado de ganado desde las islas hacia tierra firme. La falta de accesos y el aumento de los costos operativos representan un desafío para los productores ganaderos.
El gasto que continúa después de la evacuación y compromete la rentabilidad
Una vez que los animales llegan a tierra firme comienza otra etapa, potencialmente más costosa que el traslado. El productor necesita disponer de superficie, agua, instalaciones y alimentación durante un período cuya duración depende del comportamiento del río. Según los cálculos del INTA para Villa Urquiza, el costo alimentario habitual ronda los $14.000 mensuales por cabeza, mientras que una situación de emergencia puede agregar aproximadamente $3.000 diarios por animal. Para un rodeo de 500 cabezas, ese diferencial representa $38 millones adicionales cada 30 días, una carga significativa sobre el capital de trabajo.
Si se combinan los $29,52 millones de una evacuación generalizada con un mes de alimentación extraordinaria, el desembolso incremental considerado alcanza los $67,52 millones, sin incluir otros gastos potenciales. Si la permanencia fuera de las islas se extiende a dos meses, esa referencia sube a $105,52 millones. Se trata de una proyección aritmética basada en los valores relevados por el organismo, no de una estimación integral de pérdidas. La diferencia es importante: el deterioro de instalaciones, la menor ganancia de peso y las eventuales complicaciones reproductivas o sanitarias podrían ampliar el impacto sobre el resultado económico.
El riesgo tampoco es uniforme en todo el corredor del Paraná. En Villa Urquiza, el establecimiento estudiado comienza a perder superficie aprovechable cuando el hidrómetro local se aproxima a 4,30 o 4,40 metros, mientras que a los 4,70 metros se establece una referencia de alerta y a los 5,30 metros surge la necesidad de evacuar. En las islas de Victoria, una lectura de 4,50 metros en el hidrómetro de Rosario puede dejar al campo relevado sin superficie disponible. Estos niveles corresponden a situaciones particulares de los establecimientos estudiados y no deben interpretarse como umbrales generales para toda la región.
Las diferencias territoriales también condicionan la capacidad de respuesta. En el establecimiento analizado cerca de Puerto Gaboto, que cuenta con 330 animales, las áreas elevadas permiten conservar hasta 200 cabezas mientras exista alimento suficiente. En Victoria, en cambio, el relevamiento contempla el retiro completo de 35 vacas y 15 terneros. Allí, el tiempo de navegación puede aumentar de cuatro horas y media a seis horas durante una creciente. Cada hora adicional reduce el margen para actuar, especialmente cuando las condiciones de acceso cambian rápidamente y las embarcaciones deben completar sucesivos viajes para poner a salvo la hacienda.

Para la ganadería argentina, el estudio abre una discusión que excede la emergencia puntual: cómo incorporar el riesgo hídrico a la estructura de costos de los sistemas productivos del Delta y las islas del Paraná. La disponibilidad anticipada de campos receptores, los acuerdos de transporte, el seguimiento de los hidrómetros y la planificación forrajera pueden reducir la exposición económica. También aparece la necesidad de mejorar la coordinación entre productores, organismos técnicos y autoridades locales. En una actividad donde los márgenes dependen de múltiples variables, una creciente prolongada puede alterar rápidamente cualquier presupuesto.
La conclusión que dejan los números es contundente: retirar el ganado a tiempo no elimina las pérdidas, pero puede evitar que la emergencia resulte todavía más cara. El verdadero desafío comienza antes de que el agua alcance los corrales y continúa mucho después de que los animales llegan a tierra firme. Para los productores de las islas, anticiparse significa proteger la hacienda, preservar recursos financieros y sostener la continuidad del negocio. En un escenario de creciente incertidumbre climática, la prevención ya no puede considerarse un gasto accesorio: forma parte de la competitividad de la ganadería regional.
