Las exportaciones agroindustriales crecieron 17% en volumen durante septiembre. El ingreso de divisas fortalece la economía y abre nuevos desafíos comerciales.

La agroindustria argentina cerró septiembre de 2026 con un nuevo récord exportador: 11,43 millones de toneladas comercializadas por USD 5.654 millones, según informó la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación. El resultado representó un crecimiento interanual del 17% en volumen y del 14% en valor, consolidando al sector como uno de los principales generadores de divisas. El desempeño adquiere especial relevancia para una economía que necesita sostener el ingreso de dólares, fortalecer su balanza comercial y mejorar la competitividad de sus cadenas productivas frente a los principales proveedores agrícolas del mundo.
El avance agroindustrial también se refleja en las cuentas externas. De acuerdo con el informe de comercio exterior publicado por el INDEC el 19 de octubre, las exportaciones argentinas de bienes alcanzaron los USD 10.036 millones en septiembre, mientras que el superávit comercial llegó a USD 2.976 millones. En ese escenario, los embarques agroindustriales explicaron aproximadamente el 56% del valor total exportado. La magnitud confirma la importancia estratégica del campo y sus industrias, aunque también plantea un interrogante: cuánto de este crecimiento puede transformarse en inversiones, infraestructura, empleo y mayor agregado de valor dentro del país.
Cereales en alza y nuevos protagonistas del negocio exportador
Entre los complejos que impulsaron el crecimiento sobresalieron la cebada y el maíz. Según el relevamiento de la Subsecretaría de Mercados Agroalimentarios e Inserción Internacional, la cebada aumentó 276% sus exportaciones en volumen y 311% en valor, mientras que el maíz registró incrementos del 112% y 121%, respectivamente. También avanzaron el trigo, con una mejora del 25% en cantidades y del 34% en facturación, y el complejo olivícola, con subas del 53% y 32%. Estas variaciones muestran un fuerte dinamismo comercial, aunque las tasas de crecimiento deben interpretarse considerando los niveles de comparación de 2025.

Bioinsumos agrícolas: la calidad industrial se vuelve clave para competir en el mercado
La expansión no quedó limitada a los granos tradicionales. Las legumbres registraron una mejora del 16% en volumen, las preparaciones alimenticias avanzaron 9% y los productos vitivinícolas crecieron 7%. La diversificación representa una oportunidad para las economías regionales, especialmente cuando permite acceder a mercados que demandan alimentos diferenciados. Sin embargo, exportar más toneladas no garantiza automáticamente una mayor rentabilidad para el productor. Los costos logísticos, las retenciones, el financiamiento y la relación entre precios internacionales y tipo de cambio continúan siendo variables determinantes para evaluar el resultado económico de cada actividad.
El balance de los primeros nueve meses refuerza la tendencia. Entre enero y septiembre, las exportaciones agroindustriales alcanzaron 95,73 millones de toneladas y USD 43.206 millones, con incrementos interanuales del 11% y 13%, respectivamente, de acuerdo con las cifras difundidas por Agricultura. De los 54 complejos analizados, 33 mejoraron sus ventas. El girasol sobresalió con una expansión del 83% en cantidades y del 82% en valor, mientras que el sector porcino creció 72% y 96%. También se destacaron los complejos ovino, apícola, triguero y lácteo, una señal de que la expansión exportadora alcanzó a distintas cadenas.
Otro dato relevante aparece en la ganadería bovina. Aunque el volumen exportado aumentó apenas 2% durante los primeros nueve meses, el valor de las operaciones creció 33%. La diferencia entre cantidades y facturación muestra la importancia de los precios y de la composición de los productos vendidos. No todos los complejos necesitan aumentar fuertemente sus embarques para generar más dólares. En las actividades con capacidad de diferenciación, la calidad, la industrialización y el acceso a mercados de mayor poder adquisitivo pueden resultar tan importantes como la escala productiva.
Más dólares para Argentina, pero la competitividad sigue bajo presión
El mapa de destinos confirma el peso creciente de Asia en los negocios agroindustriales. India, China y Vietnam encabezaron la nómina de compradores por valor, seguidos por Brasil y Estados Unidos. También figuraron Chile, Perú, Arabia Saudita, Indonesia y Malasia. Estos diez mercados concentraron el 50% de las ventas agroindustriales, una participación que evidencia oportunidades comerciales, pero también exposición a cambios en la demanda internacional. Para Argentina, sostener y ampliar estos vínculos exige previsibilidad, cumplimiento sanitario, infraestructura portuaria y capacidad de respuesta frente a nuevas exigencias de los compradores.
La competencia regional agrega presión. Brasil cuenta con una escala agrícola y exportadora que lo convierte en un competidor central en granos, carnes y derivados, mientras que Paraguay y Uruguay disputan espacios en distintas cadenas agroalimentarias. Argentina conserva ventajas en conocimiento agronómico, tecnología de producción y procesamiento industrial, especialmente en oleaginosas. Sin embargo, las retenciones y los costos de transporte pueden reducir el precio recibido por el productor y afectar las decisiones de inversión. La comparación con los vecinos obliga a mirar más allá del volumen cosechado y analizar las condiciones económicas bajo las cuales cada país compite.
El desafío también pasa por la sustentabilidad y la innovación. La trazabilidad, la medición de la huella de carbono y las exigencias sanitarias ganan importancia en el comercio internacional. Para la agroindustria argentina, estas condiciones pueden convertirse en barreras de acceso o en herramientas de diferenciación. La adopción de agricultura de precisión, biotecnología y sistemas de certificación ofrece posibilidades para mejorar eficiencia y posicionamiento. Pero aprovecharlas requiere coordinación entre productores, empresas y organismos públicos, además de inversiones que permitan reducir costos y demostrar el cumplimiento de los estándares exigidos.
Con reglas previsibles, infraestructura eficiente y mayor industrialización de la producción. Los USD 43.206 millones acumulados hasta septiembre muestran la capacidad de la agroindustria para generar divisas y sostener la inserción internacional del país. La discusión de fondo ya no pasa únicamente por cuánto puede exportar Argentina, sino por cuánto valor económico puede conservar y multiplicar a partir de cada tonelada que vende al mundo.
