La continuidad de Lula abre oportunidades comerciales para Argentina, pero también anticipa más competencia con Brasil y tensiones dentro del Mercosur.

La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva como presidente de Brasil abre un nuevo escenario para la agroindustria argentina, con oportunidades comerciales y mayores desafíos competitivos. Este 29 de octubre de 2026, la Bolsa de Cereales y la Fundación INAI analizaron las posibles consecuencias del resultado electoral sobre las exportaciones nacionales. El informe advierte que, aunque el intercambio bilateral mantendría su estabilidad, podrían profundizarse las diferencias dentro del Mercosur y aumentar la competencia por mercados estratégicos como Asia, África y Medio Oriente.

Brasil continúa siendo un socio indispensable para la economía argentina. Según el relevamiento de ambas instituciones, concentra el 14% de las exportaciones totales del país y el 24% de sus importaciones. Además, representa el tercer destino de los productos agroindustriales nacionales, con compras equivalentes al 9% de las ventas externas del sector, por aproximadamente USD 3.500 millones anuales. Estos valores se mantuvieron relativamente estables durante la última década, incluso en períodos de fuertes diferencias políticas entre los gobiernos de ambos países.

Lula abre un nuevo escenario para el agro argentino: oportunidades y riesgos comerciales

Entre los productos argentinos que encuentran en Brasil un mercado fundamental aparecen el trigo, la leche en polvo, las papas congeladas, la cebada cervecera, la malta, los quesos, las peras y los ajos frescos. La complementariedad productiva explica buena parte de esta relación, ya que Brasil no dispone de suficiente oferta local para abastecer determinados segmentos. En ese contexto, durante una reunión de ABITRIGO realizada en octubre se anticipó que las importaciones brasileñas de trigo podrían superar los 9 millones de toneladas en la campaña 2026/27, independientemente del resultado electoral.

Mercosur, Estados Unidos y la competencia agrícola: los desafíos para Argentina

La continuidad de Lula también plantea interrogantes sobre el rumbo económico brasileño. El informe señala que, después de las elecciones, el índice bursátil Ibovespa registró una caída cercana al 13,9%, mientras que el real se depreció un 9% y el riesgo soberano aumentó un 19%. Aunque estos movimientos no permiten anticipar el desempeño de todo el mandato, reflejan preocupaciones sobre la situación fiscal. Para Argentina, la evolución de la economía brasileña resulta determinante: un Brasil con menor crecimiento significa menos demanda para nuestras exportaciones industriales y agroindustriales.

Otro frente de tensión aparece en el Mercosur. Mientras el gobierno de Javier Milei impulsa una mayor flexibilidad para negociar acuerdos comerciales, incluso de manera bilateral, Brasil mantiene su posición favorable a preservar las negociaciones conjuntas del bloque. Las diferencias quedaron expuestas en las conversaciones con Emiratos Árabes Unidos y podrían repetirse frente a otros mercados. Para la agroindustria argentina, avanzar en acuerdos que reduzcan barreras arancelarias resulta fundamental para recuperar competitividad frente a países que ya cuentan con condiciones preferenciales de acceso.

Fuente: INAI - BdeC
Fuente: INAI – BdeC

La relación con Estados Unidos aparece como una oportunidad estratégica. El análisis de la Bolsa de Cereales y la Fundación INAI sostiene que las tensiones entre Washington y Brasil podrían favorecer el posicionamiento comercial argentino. El mercado estadounidense importa productos agroindustriales por aproximadamente USD 220.000 millones anuales, pero Argentina participa con menos del 1% de ese total. Una mejora en las condiciones de acceso permitiría ampliar las exportaciones de carne bovina, azúcar, miel, jugos de frutas, tabaco y frutas frescas, entre otros productos con potencial de crecimiento.

En Europa, la continuidad de Lula podría contribuir a reducir cuestionamientos ambientales que condicionan la aprobación definitiva del acuerdo Mercosur-Unión Europea. Según el documento, el 70% de las exportaciones agroindustriales argentinas hacia ese mercado ya accede con arancel cero, mientras que otro 14% alcanzaría ese beneficio en períodos de cuatro a diez años. Además, Argentina registra una utilización de preferencias comerciales cercana al 60%, frente al 32% de Brasil, el 23% de Uruguay y el 21% de Paraguay, una diferencia relevante para evaluar el aprovechamiento de los acuerdos.

La principal amenaza competitiva, sin embargo, está relacionada con la expansión estructural del agro brasileño. De acuerdo con los datos presentados por ambas entidades, Brasil prácticamente triplicó su producción de granos en dos décadas, al pasar de 122 millones de toneladas en 2005/06 a 362 millones en 2025/26. La expansión agrícola, la incorporación tecnológica, el maíz de segunda y las políticas de financiamiento explican buena parte de ese crecimiento. En 2025, Brasil exportó productos del agronegocio por USD 169.200 millones, frente a los USD 51.000 millones registrados por Argentina.

La competencia será especialmente intensa en China, Vietnam, Indonesia, India, Medio Oriente y el norte de África, donde ambos países buscan ampliar sus ventas de soja, maíz, carnes y alimentos procesados. Brasil cuenta con una estrategia sostenida de apertura comercial y financiamiento productivo, mientras Argentina enfrenta el desafío de mejorar sus condiciones internas de competitividad. En ese escenario, el debate sobre las retenciones, la infraestructura logística, la estabilidad de las reglas comerciales y el agregado de valor adquiere mayor importancia para sostener y ampliar la presencia argentina en los mercados internacionales.

La reelección de Lula no implica necesariamente una ruptura comercial entre ambos países, pero confirma que Argentina deberá competir con un Brasil cada vez más fuerte en producción, tecnología y comercio exterior. La posibilidad de aprovechar nuevos acuerdos, fortalecer el vínculo con Estados Unidos y consolidar mercados asiáticos dependerá tanto de la política internacional como de las condiciones económicas internas. Para la agroindustria nacional, el desafío será transformar esas oportunidades en mayores exportaciones, inversiones y desarrollo productivo, sin perder terreno frente a su principal socio regional.

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