El Pacífico registra un calentamiento excepcional. Qué puede cambiar en las lluvias, los cultivos y el negocio agrícola de Sudamérica.

El fenómeno El Niño 2026/2027 alcanzó una intensidad muy fuerte durante el trimestre agosto-septiembre-octubre, según informó este 6 de noviembre Meteored Brasil, en un artículo de la meteoróloga Ana Maria Pereira Nunes. El episodio adquiere especial relevancia porque la Organización Meteorológica Mundial (OMM) proyecta una anomalía de hasta +3,8 °C en la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial para noviembre de 2026 a enero de 2027. La perspectiva abre interrogantes sobre las lluvias, la producción de granos y el comportamiento de los mercados agrícolas sudamericanos.
El último boletín climático de la OMM, publicado el 21 de octubre, confirma que el promedio de los modelos internacionales proyecta ese calentamiento excepcional, con un máximo previsto hacia diciembre. Los +3,8 °C no representan un aumento de la temperatura ambiente, sino una anomalía oceánica en la región Niño 3.4, utilizada para monitorear el fenómeno. La NOAA también anticipó en octubre una elevada probabilidad de que El Niño mantenga una intensidad fuerte a muy fuerte durante los primeros meses de 2027. Sin embargo, la magnitud del calentamiento no determina por sí sola cuánto lloverá en cada región.

La proyección de la OMM para noviembre de 2026 a enero de 2027 muestra un calentamiento excepcional del Pacífico ecuatorial, con una anomalía media cercana a +3,8 °C en la región Niño 3.4. Fuente: OMM.
Del Pacífico a los lotes: el escenario que enfrenta el agro sudamericano
Para el campo, la principal preocupación no pasa únicamente por la intensidad del fenómeno, sino por la distribución de las precipitaciones durante las etapas decisivas de los cultivos. En amplias zonas agrícolas del centro y este de Sudamérica, El Niño suele asociarse con mayores probabilidades de lluvias superiores a los valores normales, aunque sus efectos cambian según la región y la época del año. Una mayor disponibilidad de agua puede favorecer el desarrollo de soja y maíz, especialmente cuando permite recuperar perfiles de humedad. Pero las precipitaciones excesivas también pueden provocar anegamientos, enfermedades y dificultades para realizar labores.

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En la región pampeana, el comportamiento de las lluvias durante diciembre, enero y febrero será una variable clave para evaluar las perspectivas de la campaña gruesa 2026/27. La soja y el maíz podrían beneficiarse de una mejor disponibilidad hídrica, siempre que las precipitaciones acompañen las necesidades de los cultivos y no generen excesos prolongados. Para el trigo, el impacto dependerá de las condiciones particulares de cada zona y del avance de la cosecha. También habrá que seguir la transitabilidad de los caminos rurales, la capacidad de almacenamiento y los movimientos de mercadería hacia los puertos, factores que inciden directamente en los costos comerciales.
Brasil presenta un escenario especialmente complejo por la extensión y diversidad de sus regiones productivas. Mientras el sur puede enfrentar mayores probabilidades de precipitaciones abundantes, otras áreas agrícolas pueden registrar condiciones diferentes, incluso déficits de humedad. Paraguay y Uruguay también deberán seguir la evolución de las lluvias, particularmente en las zonas dedicadas a soja, maíz, arroz y ganadería. Estas diferencias regionales son importantes para el comercio agrícola: un mismo fenómeno climático puede favorecer los rendimientos de una zona y perjudicar los de otra, modificando la disponibilidad de granos y las necesidades logísticas.

La intensidad también merece una lectura técnica. Meteored señala que el índice relativo RONI alcanzó +2,0 °C en el trimestre agosto-septiembre-octubre, mientras que el indicador tradicional ONI llegó a +2,5 °C. La diferencia responde a que el RONI considera el calentamiento relativo del Pacífico respecto del conjunto de los océanos tropicales. Por eso, no corresponde comparar directamente estos registros con la proyección de +3,8 °C de la OMM sin considerar sus metodologías. Para productores y asesores, interpretar correctamente estos indicadores resulta fundamental para evitar conclusiones apresuradas sobre las próximas campañas.

Los modelos climáticos internacionales proyectan un máximo de calentamiento hacia diciembre de 2026, seguido de una posible moderación durante los primeros meses de 2027. Fuente: OMM.
Cosechas, precios y exportaciones: lo que todavía está en juego
Las consecuencias económicas dependerán de cómo evolucione el clima en los principales países exportadores. Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay integran una región estratégica para el abastecimiento internacional de soja y sus derivados, por lo que las variaciones productivas pueden repercutir en los flujos comerciales. Una campaña favorable en varios países podría incrementar la oferta exportable y ejercer presión sobre las cotizaciones, mientras que pérdidas localizadas podrían alterar las primas comerciales y los costos logísticos. No obstante, los precios también responderán a la demanda china, la producción estadounidense, los stocks mundiales y las políticas comerciales.
Para las empresas agroindustriales, el desafío consiste en transformar la información climática en decisiones de manejo y planificación. La gestión del agua, el monitoreo sanitario, las coberturas comerciales y la organización logística adquieren mayor importancia ante un escenario de precipitaciones potencialmente variables. En el caso de la ganadería, será necesario evaluar tanto la disponibilidad de pasturas como los problemas que pueden generar los excesos hídricos. Las decisiones de siembra, fertilización, cosecha y comercialización deberán apoyarse en pronósticos regionales actualizados, porque un escenario estacional no reemplaza el seguimiento meteorológico de cada establecimiento.
El mensaje central de los organismos internacionales es que El Niño podría mantener una intensidad excepcional hasta comienzos de 2027, pero sus consecuencias no serán uniformes. La NOAA advierte que un episodio intenso aumenta las probabilidades de impactos asociados al fenómeno, sin garantizar que ocurran en todos los territorios. Para el agro sudamericano, los próximos meses serán determinantes: la evolución de las lluvias permitirá establecer si el calentamiento del Pacífico se traduce en mejores rendimientos, dificultades operativas o cambios en la oferta exportable. La gran incógnita ya no es solamente cuánto se calentará el océano, sino cómo responderán los campos y los mercados.
