La estrategia, de la que participa una de los acreedores de Vicentin que se niega a aprobar el plan de pagos, es esperar que la Corte Suprema de Santa Fe habilite un “cramdown” y poder competir por el plan de salvataje de la compañía.

Una trama en la que permanentemente aparecen nuevos giros y protagonistas inesperados es la que se puede observar en la verdadera novela en que se ha convertido el concurso de acreedores de la firma Vicentin.
El nuevo capítulo se abrió en las últimas horas, luego de que un grupo inversor, denominado CIMA SA, diera a conocer que compró la deuda que la compañía de Avellaneda mantenía, dentro de la convocatoria, con bancos internacionales, por casi U$S 450 millones.
























