Mientras la agricultura mundial enfrenta la doble exigencia de alimentar a una población creciente y cumplir los compromisos climáticos, la descarbonización de los fertilizantes emerge como una prioridad estratégica para la seguridad alimentaria global. Los fertilizantes nitrogenados, esenciales para la productividad agrícola, representan cerca del 2,5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, debido al uso intensivo de energía fósil en la producción de amoníaco y a las emisiones de óxido nitroso derivadas de su aplicación en campo.