En el norte de Santa Fe y el sur de Chaco denuncian daños masivos en soja y girasol. Aseguran que el crecimiento explosivo de las aves hace imposible el control y que la problemática ya escala a nivel regional.
La alarma volvió a instalarse con fuerza entre los productores del norte de Santa Fe y el sur de Chaco, donde las palomas torcazas, cotorras y otras aves granívoras vienen generando daños severos en soja en estadios iniciales y en girasol. El fenómeno no es nuevo, pero todos coinciden en que este año alcanzó una escala inédita, al punto de describir la campaña como «terrible».
En los departamentos santafesinos de General Obligado, Vera y 9 de Julio, y en campos chaqueños limítrofes, las imágenes de lotes devastados se multiplican. «Viene ocurriendo desde hace años, pero cada campaña es peor«, resumió el ingeniero agrónomo Ricardo Mercau, radicado en el norte santafesino. Según explicó, en Chaco los ataques fueron aún más agresivos: primero palomas y cotorras, y luego cardenales, que directamente comen la semilla ni bien toca el suelo.

Para Augusto Gastaldo, productor y expresidente de la Sociedad Rural de Reconquista, la situación es clara: «No es un problema nuevo, pero cada año todo es más complejo. La cantidad de palomas y cotorras crece y los daños se extienden región por región«.
Los testimonios se repiten con la misma preocupación. Juan Capózzolo, productor chaqueño, relató que hay lotes donde «la depredación impide cosechar«, incluso con guardias permanentes intentando espantar a las aves. «No alcanza con nada«, sostuvo. En esa misma línea, Martín Goujón, de Villa Elisa, directamente decidió no sembrar en uno de sus campos por considerarlo antieconómico: «En mi zona este año es terrible, peor que los anteriores«.
Goujón, además, describió un comportamiento particular: «La torcaza va directo a la soja en su etapa inicial. Aunque las espantemos, vuelan unos metros y vuelven a bajar. En girasol el daño existe, pero es más manejable«. Intentó incluso distraerlas con sorgo molido, sin éxito. A la torcaza se suma la paloma Yerutí, que se concentra en las cabeceras y puede arrasar metros enteros si no se controla a tiempo.

El productor remarca que se trata de un problema que excede las fronteras provinciales: «Estas aves pueden recorrer hasta 100 kilómetros en un día. Si Chaco controla pero Formosa no, seguimos igual. Esto hay que manejarlo a nivel regional«, advirtió.
Mientras tanto, desde el INTA aportan otra mirada. La investigadora María Elena Zaccagnini, en un trabajo técnico de referencia, señaló que aunque los daños visibles pueden ser altos, las pérdidas reales de rendimiento medidas científicamente «no suelen superar el 2%, con algunos casos que alcanzan el 5 al 8%«. Sin embargo, los productores sostienen que la situación actual supera ampliamente esos valores por la explosión poblacional de los últimos años.
De hecho, el crecimiento acelerado de las palomas se explica por una combinación de factores: expansión agrícola, proximidad de montes nativos que actúan como refugio y abundancia de alimento y agua. «Mientras haya comida, la población va a seguir creciendo«, explicó Zaccagnini.
La sensación en la región es que el problema se agrava campaña tras campaña y que el control, incluso con inversión en vigilancia humana o con métodos tradicionales de espanto, resulta cada vez menos efectivo. Para muchos productores, la pregunta ya no es cómo mitigar los daños, sino si es viable sostener ciertos cultivos en las zonas más afectadas sin una estrategia coordinada entre provincias.

