En plena expansión de la inteligencia artificial y el consumo automatizado, los consumidores empiezan a marcar un límite: menos promesas tecnológicas y más alimentos reales.
Mientras la inteligencia artificial gana terreno en el comercio, la logística y la planificación del consumo, el sistema alimentario global comienza a mostrar un giro inesperado. Lejos de celebrar la perfección algorítmica, los consumidores están expresando una fatiga creciente frente a los productos artificiales, el marketing excesivamente pulido y las promesas tecnológicas que no siempre mejoraron su relación con la comida. El concepto que atraviesa 2026 es claro: el regreso a lo real.
El informe global de Nourish Food Marketing describe este fenómeno como una rebelión silenciosa pero transversal, que impacta desde las góndolas hasta las estrategias de marketing. En un mundo donde las compras pueden ser delegadas a asistentes virtuales y los menús se diseñan por algoritmos, emerge una necesidad humana básica que la tecnología no logra cubrir: conexión, confianza y autenticidad. La comida vuelve a ocupar un lugar central como experiencia cultural y social, no solo como un producto eficiente.

Paradójicamente, el mismo avance tecnológico que promete resolverlo todo acelera el aislamiento. El consumo individual, el trabajo híbrido y la vida digital redujeron los espacios compartidos, y en ese contexto la alimentación reaparece como uno de los últimos rituales colectivos. Comer deja de ser solo nutrición para transformarse en vínculo, memoria y pertenencia.
La inteligencia artificial, según el informe, no desaparece del escenario. Todo lo contrario. Para 2030, los llamados «agentes de compra» podrían gestionar hasta US$ 9 billones en ventas, eligiendo productos en nombre de los consumidores. Sin embargo, el documento advierte que la IA no comprende emociones, valores ni cultura, y que confiarle toda la relación marca-consumidor puede vaciar de sentido a los alimentos. Las empresas deberán adaptarse a una nueva lógica de visibilidad, conocida como GEO (Generative Engine Optimization), sin perder identidad ni narrativa.
Del SEO tradicional al GEO
| Aspecto clave | SEO tradicional | GEO (IA generativa) |
|---|---|---|
| Foco | Palabras clave | Contexto y claridad |
| Formato | Contenido extenso | Información estructurada |
| Objetivo | Ranking en buscadores | Recomendación algorítmica |
| Diferencial | Backlinks | Transparencia y datos confiables |
Otro de los cambios más relevantes es el retroceso del ultraprocesado, especialmente en categorías donde la innovación industrial prometió beneficios que no se tradujeron en mejor salud ni mejor sabor. El informe muestra una pérdida de credibilidad de alternativas altamente procesadas, como algunas proteínas vegetales, frente a un retorno a alimentos tradicionales, carnes, lácteos y productos mínimamente intervenidos. La percepción de naturalidad, trazabilidad y simplicidad vuelve a ser un activo competitivo.

Cambio en preferencias de consumo (EE.UU.)
| Categoría | Evolución reciente |
|---|---|
| Leche tradicional | +4,6% |
| Bebidas vegetales | -3,5% |
| Consumo de carne | En aumento |
| Personas que evitan carne | Del 37% al 22% |
En el plano nutricional, también se observa un quiebre conceptual. Tras años dominados por la obsesión con un solo nutriente -principalmente la proteína-, los consumidores comienzan a valorar el equilibrio funcional. Fibra, salud digestiva, microbiota y alimentos completos desplazan a los «atajos nutricionales». Incluso, el informe introduce un nuevo eje de debate: la fibra como defensa frente a microplásticos, conectando alimentación, salud y ambiente en una misma narrativa.
Para el sector agroalimentario, las implicancias son profundas. Ya no alcanza con producir volumen o eficiencia. La historia detrás del alimento -cómo se cultiva, con qué prácticas, en qué territorio y con qué impacto social- se transforma en un factor clave de acceso a mercados. La trazabilidad, las prácticas regenerativas y la transparencia dejan de ser diferenciales para convertirse en requisitos básicos en un mundo de compras automatizadas.
En este contexto, incluso los alimentos «imperfectos», las producciones regionales y los sistemas menos estandarizados ganan valor. Frente a la homogeneización industrial, la diferencia vuelve a ser una fortaleza.
El mensaje de fondo es contundente: en 2026, el sistema alimentario global entra en una etapa donde la confianza vale más que la innovación vacía. Las marcas y los productores que entiendan que el futuro pasa por mostrar procesos reales, personas reales y alimentos reales estarán mejor posicionados para un consumidor que ya no busca perfección, sino verdad.
Mira el informe completo.

