En su mensaje de Año Nuevo, el presidente chino trazó un balance político y económico de alto impacto, combinando logros internos, proyección internacional y una señal clara sobre el rumbo que seguirá China en el inicio del nuevo ciclo de planificación.
El presidente Xi Jinping utilizó su mensaje de Año Nuevo 2026 no solo como una salutación institucional, sino como una pieza política estratégica destinada a consolidar liderazgo interno, enviar señales al mundo y preparar el terreno para una nueva etapa del desarrollo chino. Lejos de un discurso ceremonial, el mensaje funcionó como un documento de orientación para el país y para los actores globales que observan de cerca cada movimiento de Beijing.
Uno de los ejes centrales fue el cierre del 14° Plan Quinquenal, que Xi presentó como un ciclo exitoso, marcado por crecimiento sostenido y fortalecimiento integral del Estado. El dato económico clave -un PBI que alcanzaría los 140 billones de yuanes– no aparece aislado: se lo encuadra dentro de una narrativa de autosuficiencia, resiliencia y poder estructural, donde economía, ciencia, defensa y cohesión social avanzan en paralelo. El mensaje es claro: China no solo crece, sino que lo hace bajo control político y planificación estatal.
La innovación tecnológica ocupa un lugar protagónico. Xi destacó el avance en inteligencia artificial, chips propios, exploración espacial, robótica y energía, con ejemplos concretos que apuntan a reforzar una idea central: China compite en la frontera tecnológica global y no está dispuesta a depender de terceros. En clave geopolítica, este pasaje del discurso refuerza el mensaje de independencia estratégica frente a Estados Unidos y Europa, especialmente en sectores críticos.
En el plano interno, el presidente puso énfasis en la unidad nacional, la estabilidad social y el bienestar, con referencias a subsidios familiares, protección de trabajadores y políticas para una población envejecida. Aquí el mensaje apunta a neutralizar tensiones sociales en un contexto de desaceleración global, mostrando un Estado activo y presente. La insistencia en que «ningún asunto del pueblo es pequeño» refuerza la legitimidad del Partido como garante del orden y la prosperidad.
El componente nacionalista también tuvo un peso significativo. La conmemoración de hitos históricos, la referencia explícita a Taiwán y la defensa del principio de «Una sola China» aparecen como señales firmes tanto hacia adentro como hacia el exterior. Xi no deja lugar a ambigüedades: la reunificación es presentada como un proceso inevitable, alineado con «el curso de la historia».
En política exterior, el tono es medido pero ambicioso. China se muestra como actor responsable del sistema internacional, promotora de nuevas reglas de gobernanza global y comprometida con el clima, el desarrollo y la paz, aunque sin abandonar su propio modelo. La reiteración de iniciativas globales impulsadas desde Beijing apunta a redefinir el liderazgo internacional, en un mundo que Xi describe como inestable y fragmentado.
Finalmente, el anuncio del inicio del 15° Plan Quinquenal funciona como cierre y proyección. La consigna de «desarrollo de alta calidad», apertura controlada y prosperidad compartida resume el contrato político que el liderazgo chino propone a su sociedad: crecimiento con disciplina, innovación con control y apertura sin perder soberanía.
En síntesis, el mensaje de Año Nuevo de Xi Jinping fue mucho más que un saludo. Fue una declaración de poder, una hoja de ruta política y económica, y una señal al mundo de que China entra en 2026 con confianza, planificación y ambición global.

