🔥 La Pampa arde y el campo queda en cenizas: más de 85 mil hectáreas quemadas y productores al límite
“Si no hay producción, no hay de dónde recuperarse”. La frase, cargada de angustia, resume el drama que atraviesan los productores del oeste y sur pampeano tras los incendios rurales y forestales que ya arrasaron más de 85.000 hectáreas y dejaron pérdidas productivas difíciles de dimensionar.
El fuego volvió a golpear con fuerza a la provincia de La Pampa y dejó una huella profunda en el entramado agropecuario. Distritos como Jacinto Arauz, Santa Isabel, Rucanelo, Quehué, Utracán, Hucal y Guatraché se encuentran entre los más afectados por un fenómeno que se repite, pero cada vez con mayor intensidad.
Al cierre de este informe, el viernes 2 de enero por la tarde, las autoridades de Defensa Civil confirmaron que los focos se encontraban “contenidos”. Sin embargo, para quienes viven y producen en la zona, el verdadero problema recién comienza.
Campos negros y pérdidas que no cierran
El avance de las llamas no solo consumió pastizales y monte nativo, sino que golpeó de lleno a la actividad ganadera. Alambrados, corrales, mangas y postes quedaron reducidos a cenizas, mientras que la mortandad y desaparición de terneros empieza a encender las alarmas.
Las condiciones climáticas jugaron un rol determinante: temperaturas extremas que superaron los 46 grados, tormentas eléctricas sin lluvias y vientos erráticos conformaron un escenario explosivo. En muchos casos, el origen del fuego fue un rayo; en otros, una colilla, una botella o una chispa en rutas sin mantenimiento.
El resultado se repite: campos devastados y productores que observan lo perdido sin saber por dónde empezar.
“En minutos te quedás sin nada”
En el departamento Hucal, una de las zonas más castigadas, la productora Gisela Rochon intenta asimilar lo sucedido. Hace una década dejó su trabajo administrativo para dedicarse de lleno al campo familiar. Todo ese esfuerzo quedó comprometido en cuestión de minutos.
“El fuego me afectó la mitad del campo. Levanté todo con muchísimo sacrificio y en dos segundos te consume todo. Es terrible”, relató.
Si bien logró salvar la hacienda, los daños en infraestructura fueron totales. “Hoy un metro de alambre es carísimo. Vas al campo, ves todo negro y te preguntás por dónde arrancar”, contó con resignación.
La situación es aún más delicada porque la mayoría de los productores de la región son pequeños, con campos de entre 500 y 700 hectáreas, donde la pérdida de terneros implica quedarse sin la producción anual. “Eso es lo que te permite vender y volver a invertir. Sin producción, no tenés con qué recuperarte”, explicó.
La ayuda que llega desde el costado
Más allá de las pérdidas materiales, el incendio dejó al descubierto una sensación que se repite entre los damnificados: el abandono. Según Rochon, la ayuda más concreta llegó de vecinos y amigos, no del Estado.
“Duele porque los que aparecen son los que sabés que van a estar: el vecino, el amigo. No quienes deberían ponerse las pilas. Nos conocemos todos, levantar el teléfono no cuesta nada”, reclamó.
El temor es que lo peor todavía esté por venir. “El verano recién empieza, las tormentas eléctricas van a seguir y esto se va a volver a prender. Si no se toma dimensión del problema, no va a quedar nada”, advirtió.
Tormentas secas y fuego sin control
Más al norte, en la zona de Victorica y Pastoril, el productor Marcelo Mendiara describe un cambio climático cada vez más evidente: tormentas desparejas, con mucha actividad eléctrica y escasa precipitación.
“Antes llovía parejo. Ahora capaz que a un vecino le caen 50 milímetros y a vos no te cae nada”, explicó. En su caso, dos rayos iniciaron focos simultáneos que terminaron quemando unas 100 hectáreas.
Cuando el fuego entra en el monte de caldén, la escena se vuelve dramática. “Es como una locomotora. Un infierno. Las llamas llegan a los 20 metros y no hay forma de controlarlas”, describió.
Vientos fuera de época y ganadería en riesgo
A las altas temperaturas se suman vientos intensos y cambiantes, incluso en pleno verano. Ráfagas de hasta 80 kilómetros por hora complican cualquier intento de control y afectan directamente al manejo ganadero.
“Las vacas recién paridas huyen con los terneros y muchas veces se meten al monte, justo cuando el fuego avanza. El ternero no tiene defensa y se pierde”, explicó Mendiara.
En este contexto, la prevención se vuelve clave. Picadas bien mantenidas pueden marcar la diferencia, aunque muchas veces no alcanzan. “Si no tenés picadas anchas, el fuego arma una puntera de kilómetros y no hay cómo pararlo”, advirtió.
Preocupación por la pérdida de terneros
Desde el plano institucional, Marcelo Julio Rodríguez, vicepresidente segundo de CARBAP por La Pampa, confirmó que los relevamientos preliminares indican unas 83.000 hectáreas afectadas, principalmente en el sur provincial.
“La mayor preocupación es la pérdida de terneros. A la vaca la agarra parida en el monte y el ternero es el más vulnerable”, explicó.
Rodríguez también señaló que la primavera lluviosa dejó mucho pasto que hoy actúa como material altamente combustible. “Eso era reserva para el invierno, pero con 45 grados y viento, hoy es nafta”, sintetizó.
Banquinas, leyes y un riesgo permanente
Otro punto crítico es el estado de las rutas. Banquinas sin mantenimiento, tránsito constante y basura acumulada multiplican el riesgo de incendios. “Una colilla o una chispa alcanza para iniciar un fuego”, alertó Rodríguez.
Además, cuestionó las limitaciones de la Ley de Bosques, que establece anchos máximos de picadas que resultan insuficientes en condiciones extremas. “Con 15 metros no frenás un incendio así”, sostuvo.
Desde CARBAP ya comenzaron los relevamientos para acompañar a los productores y gestionar reuniones con el Ministerio de la Producción, con el objetivo de avanzar en soluciones y en la declaración de la emergencia agropecuaria.
Cuando el fuego quema algo más que tierra
Para el productor pampeano, el campo es mucho más que hectáreas y alambrados. Es una construcción paciente, año tras año, ternero tras ternero. El incendio no solo arrasa con la tierra, sino también con las bases que permiten seguir produciendo.
Con el verano recién comenzando, el temor es que esta tragedia no sea un hecho aislado, sino la antesala de una nueva normalidad, donde el fuego deje de ser una excepción y pase a formar parte del calendario productivo.



