Forrajeras: por qué este 2026 aparece como una oportunidad para invertir en pasturas

Con costos de implantación medidos en kilos de novillo muy por debajo de los últimos años y precios ganaderos firmes, la siembra de forrajeras perennes vuelve a posicionarse como una de las decisiones más estratégicas para la ganadería de carne y leche.

La implantación de forrajeras perennes es uno de esos temas recurrentes en la agenda ganadera. Se reconoce su importancia productiva y económica, pero muchas veces la decisión se posterga para la campaña siguiente. Sin embargo, los números actuales muestran que 2026 aparece como un momento especialmente atractivo para encarar esta inversión clave para el sector.

Según un análisis difundido por AgroLatam, el costo de implantar una pastura base de alfalfa y festuca -con semillas privadas, correcta elección del antecesor, buen control de malezas, fertilización, labores y asesoramiento técnico- se ubica en torno a los 135 kilos de novillo por hectárea para la campaña 2026 (estimado).

Forrajeras: por qué este 2026 aparece como una oportunidad para invertir en pasturas

El dato no es menor: medido en kilos de novillo, el costo de implantación se encuentra 39% por debajo del promedio de los últimos cuatro años y 27% menos que en 2025, una relación insumo-producto que pocas veces se vio tan favorable para el productor ganadero.

Este escenario resulta especialmente relevante luego de campañas complejas, marcadas por la sequía 2022/23 y los excesos hídricos de 2025, que dejaron muchos lotes degradados. En ese contexto, la implantación de pasturas perennes no solo permite reacomodar ambientes castigados, sino también potenciar la cadena forrajera y mitigar riesgos climáticos a futuro.

Forrajeras: por qué este 2026 aparece como una oportunidad para invertir en pasturas

Desde el punto de vista productivo, contar con más y mejores pasturas perennes permite reducir la dependencia de verdeos anuales, que si bien son necesarios en determinadas situaciones, implican costos elevados y una duración mucho más corta en el tiempo. La forrajera perenne, en cambio, es la comida más barata para la ganadería cuando se analiza su rendimiento a lo largo de cuatro o cinco años.

A esto se suma un impacto que muchas veces pasa desapercibido: la actividad económica que se genera alrededor de un lote en implantación. Aplicadores, contratistas de siembra, labores, asesores técnicos, empresas de semillas, fitosanitarios y fertilizantes, venta de combustibles y repuestos forman parte de una cadena de valor que se activa con cada decisión de invertir en pasturas.

Claro que este tipo de planteos requiere previsibilidad. Implantar una forrajera perenne supone una alta inversión inicial pensada a largo plazo, por lo que desde el sector remarcan la necesidad de políticas agropecuarias establesfinanciamiento adecuado y un contexto macroeconómico que acompañe. Sin reglas claras, es difícil planificar una inversión cuyo retorno se mide en varios años.

Con precios ganaderos firmes, una relación costo-beneficio favorable y la necesidad de reconstruir sistemas productivos más resilientes, el mensaje es claro para la ganadería argentina: invertir hoy en forrajeras perennes puede marcar la diferencia productiva y económica de los próximos años.

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