La Unión Europea avanza hacia la firma del acuerdo con el Mercosur y el agro en Sudamerica vuelve a quedar en el centro de la escena, en un pacto que promete abrir mercados pero enfrenta una fuerte oposición de los productores europeos, especialmente en Francia.
Después de más de 25 años de negociaciones, la Unión Europea se encamina a autorizar la firma del acuerdo comercial con el Mercosur, el más ambicioso de libre comercio alcanzado por el bloque. La decisión, que comenzará a definirse esta semana en Bruselas, tiene implicancias directas para el sector agroindustrial, en un contexto global marcado por tensiones comerciales, aranceles estadounidenses y la necesidad europea de reducir su dependencia de China.
Los embajadores de los 27 Estados miembro de la Unión Europea deberán expresar la posición de sus gobiernos. Para avanzar, el acuerdo necesita el respaldo de al menos 15 países que representen el 65% de la población del bloque. De conseguirse ese aval, quedaría habilitada la firma formal por parte de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, junto a los países del Mercosur: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Luego, el texto deberá ser aprobado por el Parlamento Europeo.

Desde Bruselas, la Comisión Europea, con el respaldo de Alemania y España, sostiene que el acuerdo es una pieza central de su estrategia económica y geopolítica. El objetivo es abrir nuevos mercados, compensar el impacto de los aranceles de Estados Unidos y asegurar el acceso a minerales críticos, además de fortalecer cadenas de suministro más diversificadas.
Para la Argentina, el tratado representa una oportunidad concreta para el agro. El acuerdo permitiría mejorar el acceso al mercado europeo de productos como carne vacuna, aves, azúcar, granos y derivados agroindustriales, en un escenario donde la competitividad externa está condicionada por retenciones, costos logísticos y barreras para-arancelarias. En ese sentido, el Mercosur aparece como una plataforma clave para ampliar exportaciones con mayor previsibilidad.
Sin embargo, la resistencia europea sigue siendo fuerte, encabezada por Francia, el mayor productor agrícola del bloque. El presidente Emmanuel Macron confirmó que su país votará en contra del acuerdo en la próxima reunión en Bruselas, reflejando el rechazo político interno y la presión del sector agropecuario francés.

Los detractores del pacto advierten que el ingreso de alimentos sudamericanos más competitivos -especialmente carne, aves y azúcar- podría afectar los precios y la rentabilidad de los productores europeos. En las últimas horas, agricultores franceses protagonizaron protestas masivas, con bloqueos de rutas y accesos a París, en rechazo al avance del tratado.
Macron sostuvo que la firma del acuerdo «no significa el final del proceso» y reclamó mayores garantías para los productores locales. Entre ellas, destacó la incorporación de las llamadas «cláusulas espejo», que exigirían que los productos importados desde países como Argentina y Brasil cumplan las mismas normas sanitarias y ambientales que rigen dentro de la UE. También insistió en la necesidad de mecanismos de salvaguardia para frenar importaciones si se producen caídas abruptas de precios.

El escenario político sigue abierto. Para bloquear el acuerdo, Francia necesita conformar una minoría de bloqueo con al menos cuatro países que representen más del 35% de la población europea. En ese marco, el respaldo de Italia, ya confirmado, debilita la estrategia francesa. Irlanda también adelantó su rechazo, mientras que Alemania y España ratificaron su apoyo, priorizando los intereses industriales y comerciales frente a China y Estados Unidos.
Para el agro argentino, la definición que se avecina es mucho más que diplomática. El acuerdo UE-Mercosur podría marcar un punto de inflexión en el acceso a uno de los mercados más exigentes del mundo, pero también plantea desafíos en materia de trazabilidad, estándares ambientales y competitividad sistémica. Con un comercio global cada vez más condicionado por reglas ambientales y geopolítica, la ventana de oportunidad está abierta, aunque todavía lejos de estar asegurada.

