La menor demanda china volvió a presionar al mercado internacional de la soja, pero en ese escenario de precios en baja la Argentina encontró una oportunidad y aceleró las exportaciones, con volúmenes récord tanto de poroto como de subproductos industriales.
El mercado de la soja atraviesa una etapa de fuerte presión bajista, marcada por un excedente global de granos y un ritmo de compras más lento de lo esperado por parte de China, el principal importador mundial. Esta combinación golpeó de lleno a los productores de Estados Unidos, que no solo enfrentan precios más bajos sino también una pérdida de participación en el mercado chino, un espacio que durante las tensiones comerciales fue ocupado por proveedores sudamericanos.
Tras la reunión del 30 de octubre entre Xi Jinping y Donald Trump, desde la Casa Blanca se anunció que China compraría 12 millones de toneladas de soja de la campaña 2025/26 antes de fin de año, además de 25 millones de toneladas anuales durante los próximos tres años. Sin embargo, el ritmo real de negocios quedó muy por debajo de esas expectativas. Según datos del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, solo se comprometieron 6,5 millones de toneladas con destino al gigante asiático. A esto se suma que el plazo para cumplir con el volumen prometido fue extendido hasta fines de febrero de 2026, un dato que incrementó la cautela entre los operadores.

El impacto no tardó en reflejarse en los precios. La soja posición enero se ubica en US$ 386 por tonelada, lo que representa una caída del 9% frente al máximo de US$ 425 registrado en noviembre, cuando el optimismo por el acuerdo dominaba el mercado. En paralelo, China dejó en claro que su estrategia va más allá de coyunturas comerciales: tras la Conferencia Central de Trabajo Rural, las autoridades ratificaron la decisión de reducir la dependencia del mercado externo, fortaleciendo la producción local de granos mediante inversiones en tecnología, maquinaria y mejoramiento genético.
En ese contexto internacional más frío, la Argentina juega su propio partido. En lo que va del ciclo comercial 2024/25, las exportaciones de poroto de soja alcanzan 11,4 millones de toneladas, el mayor volumen de la última década. Solo en noviembre de 2025 se embarcaron 2,18 millones de toneladas, un récord histórico para ese mes y un 55% por encima del máximo previo de 2019, quebrando por completo la estacionalidad habitual del comercio sojero. No es un dato menor que China concentre el 93% de esos envíos, confirmando su rol clave para el complejo argentino.

Aún más relevante es el desempeño de los subproductos, en un país donde el debate sobre el agregado de valor vuelve a cobrar centralidad. Entre mayo y noviembre se exportaron 3,8 millones de toneladas de aceite de soja, el segundo mayor volumen histórico para ese período y 21% por encima del promedio de los últimos diez años. En el mismo lapso, los embarques de harina de soja sumaron 17,8 millones de toneladas, un 13% más que el promedio de la última década.
Con precios internacionales presionados, un comprador dominante que ajusta su estrategia y tensiones comerciales latentes, la Argentina logra capitalizar el momento gracias a su capacidad exportadora y a la fortaleza de su industria aceitera. El desafío hacia adelante será sostener este ritmo en un contexto interno atravesado por retenciones, brecha cambiaria y costos logísticos, mientras el tablero global del comercio agrícola sigue reacomodándose.

