La superficie agrícola asegurada en la Argentina más que se duplicó entre 2003 y 2024 y alcanzó un máximo histórico, en un contexto marcado por una creciente exposición climática y cambios estructurales en la demanda de coberturas. Un informe reciente revela el predominio del seguro de granizo simple, el avance de los cereales en la estructura asegurada y los desafíos pendientes para avanzar hacia esquemas de gestión de riesgos más modernos y diversificados.
La gestión del riesgo se consolidó como una de las principales preocupaciones del agro argentino en las últimas dos décadas. Entre 2003 y 2024, la superficie agrícola asegurada con algún tipo de cobertura más que se duplicó, al pasar de 11 millones a 23,6 millones de hectáreas, alcanzando así un máximo histórico, de acuerdo con datos de la Superintendencia de Seguros de la Nación analizados en valores constantes de 2025.
Este crecimiento, sin embargo, no fue lineal. Tras un período de estancamiento hasta 2007, la superficie asegurada se expandió con fuerza hasta 2013, cuando se alcanzó un primer pico. Luego de una contracción significativa en 2014 y varios años de estabilidad, el seguro agrícola volvió a crecer desde 2018, con la excepción del impacto de la sequía en 2023, y logró consolidarse nuevamente en 2024.
Uno de los cambios más relevantes se dio en la composición de los cultivos asegurados. Hasta 2020, las oleaginosas —principalmente la soja— concentraban la mayor parte de la superficie cubierta. Sin embargo, a partir de ese año se produjo un giro estructural y los cereales pasaron a liderar la demanda de seguros, explicando el 59% del área asegurada en 2024. El trigo se destacó históricamente como el cultivo con mayor proporción de superficie asegurada, mientras que el maíz mostró un salto notable: en 2024 llegó a cubrir el 92% del área sembrada, el valor más alto de toda la serie.

En términos de costos, el seguro agrícola también evidenció contrastes significativos. En los últimos cinco años, el costo promedio de cobertura para los cultivos anuales fue de $32.000 por hectárea, mientras que en los cultivos perennes la prima resultó 14 veces mayor, reflejando un mayor riesgo y capital asegurado. Desde 2020, la soja pasó a ser el cultivo anual más costoso de asegurar, seguida por el trigo y el maíz.
A pesar de estos cambios, la estructura del mercado muestra una fuerte concentración en el seguro de granizo simple, que sigue siendo la cobertura más difundida. Entre 2015 y 2022 llegó a representar el 87% de las pólizas emitidas, aunque en 2024 su participación descendió al 67%. Las coberturas más complejas, como los seguros multirriesgo y paramétricos, continúan teniendo una presencia marginal, a pesar del aumento de la volatilidad climática.

En este contexto, comienzan a surgir experiencias innovadoras, como el seguro multirriesgo público-privado de la provincia de Córdoba, que combina monitoreo satelital, modelos paramétricos y buenas prácticas agrícolas, y busca ampliar la cobertura frente a eventos como sequía, heladas, inundaciones y granizo.
Si bien el mercado asegurador en su conjunto creció en términos de primas emitidas y capital asegurado, los seguros agropecuarios y forestales siguen representando una porción reducida del total, lo que pone de manifiesto los desafíos estructurales del sector.

La creciente variabilidad productiva, el impacto del cambio climático y la necesidad de instrumentos más modernos abren un amplio margen para profundizar esquemas de transferencia de riesgos más eficientes.

En una actividad que funciona como una verdadera “fábrica a cielo abierto”, fortalecer los seguros agropecuarios no solo resulta clave para proteger el capital del productor, sino también para garantizar la sustentabilidad de una cadena productiva que explica cerca del 20% del PBI y del empleo privado de la Argentina.

Fuente: Giuliana Dellamaggiore – Emilce Terré – Julio Calzada BCR




