Arrancó con 50 pollos y ahora faenan 1.600.000 de aves por mes en la empresa avícola más austral del mundo

Con más de seis décadas de historia, Pollolín pasó de criar algunos pollos en una chacra del Alto Valle, a convertirse en la principal empresa avícola de la Patagonia

Renunció a su trabajo, compró 50 pollos y hoy es la mayor empresa avícola de la Patagonia. La historia de Pollolín es también la de Roberto Maionchi, fundador de la compañía, nacido y criado en Cipolletti (Río Negro), hijo de inmigrantes y de origen humilde, que a los 22 años decidió cambiar el rumbo de su vida.

en una entrevista elaborada por Diario Río Negro, repasa 65 años de crecimiento sostenido, innovación tecnológica y recambio generacional en una firma que hoy se ubica entre las diez avícolas más importantes de la Argentina.

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La historia de Pollolín

Arranqué con 50 pollos, después fui creciendo de a poco, hasta llegar a hoy”, resume Maionchi, hoy con 88 años, al recordar los primeros pasos en la chacra familiar del Alto Valle. Antes de emprender, había trabajado en un galpón de empaque. “Trabajé tres años en el galpón y dos temporadas más. Después le dije al dueño: me voy a criar pollos. Me dio dos sueldos, 550 pesos, lo normal de esa época”, recuerda.

pollolin en la patagonia

Lo que comenzó como una producción casi artesanal, se transformó en la principal productora de carne aviar de la Patagonia y en una compañía con tecnología de punta. “Fuimos evolucionando favorablemente gracias a la nueva generación, las cosas están cambiando. Estamos siendo una empresa de verdad”, afirma el fundador.

Pollolín

Tecnología, innovación y un crecimiento planificado

El salto tecnológico fue uno de los pilares del desarrollo de Pollolín. Así lo explica Fabián Maionchi, gerente general de la empresa, quien se incorporó tras finalizar sus estudios en la Universidad Católica Argentina de Buenos Aires. “Cuando volví ya me tenían un trabajo asignado. En ese momento era una empresa mucho más chica. El crecimiento siempre fue con tecnología. Pollolín fue de las primeras empresas en Argentina en tener galpones con ambiente controlado, totalmente cerrados, algo que hasta ese momento no existía”.

Ese proceso se aceleró con viajes técnicos y la incorporación constante de innovaciones. “Con el veterinario a cargo de producción primaria, Edgardo Lucotti, hicimos varios viajes y traíamos ideas. Roberto siempre estaba muy atento y quería avanzar constantemente en tecnología”, agrega.

Ese camino llevó a la empresa a marcar un hito a nivel nacional y regional: la incorporación de una etapa intermedia entre la incubadora y el engorde. Pollolín es la única empresa de Argentina y de América Latina que cuenta con este proceso de recría en la planta de incubación, conocido comercialmente como HatchCare. Allí, durante tres o cuatro días, los pollitos reciben alimento, agua, luz y un ambiente totalmente controlado, lo que mejora los niveles sanitarios posteriores y la eficiencia productiva.

A esa particularidad se suma otra singularidad logística: el tren ingresa directamente al predio para abastecer de alimento balanceado producido en la planta que la empresa posee en Bahía Blanca.

Hoy, Pollolín atraviesa una nueva etapa de consolidación, con la tercera generación ya involucrada en la conducción. “Estamos transitando un proceso de transformación con mucho foco en la gestión y en la eficiencia productiva”, explica Juan Montero, gerente de Administración y Finanzas.

Pollolín

Según detalla, la empresa faena entre 1,55 y 1,6 millones de aves por mes, con un peso promedio de 3,1 kilos y una edad de faena de alrededor de 44 días. “Estamos trozando cerca del 55% de la producción y producimos unos 4 millones de kilos de producto terminado por mes, entre pollo entero, trozado y productos de valor agregado como hamburguesas, milanesas y arrollados”, señala. A eso se suma una planta de rendering donde se procesan unas 250 toneladas mensuales de harinas y aceites de ave.

Desde el área comercial, Francisco Montero, responsable de ventas, explica cómo cambió la demanda del mercado. “Hace cinco años estábamos en 70% de pollo entero y 30% de trozado. Hoy estamos alrededor del 50-55% de trozado, porque el mercado lo pide. En 2025 fue el año en que más pollo trozamos”.

La empresa exporta entre el 11 y 12% de su producción, principalmente cortes, garras y menudos. En el mercado interno, Pollolín concentra cerca del 35/36% del market share patagónico y alrededor del 2,5% a nivel nacional. “Somos la empresa avícola más importante de la Patagonia y, además, la más austral del mundo”, destaca.

Otro de los ejes estratégicos de la compañía es la sustentabilidad. “Todo esto se enmarca en una economía circular”, explica Juan Montero. Las forestaciones que rodean las granjas son parte visible de ese esquema: los subproductos de la faena se transforman en harinas para alimentos balanceados y exportación, los efluentes líquidos se tratan en una planta propia y el agua reutilizada riega los álamos que luego proveen el chip para la cama de los pollos. “Todo se utiliza y lo que no, se recicla”, resume.

Pollolín

Un legado que sigue vivo

De aquel pequeño gallinero en una modesta chacra rionegrina a convertirse en una marca líder y en una empresa del top 10 nacional, la historia de Pollolín combina trabajo, visión y continuidad familiar. Roberto Maionchi y su esposa, Pascuala Filiaggi, hoy vicepresidenta de la compañía con 79 años, siguen siendo un símbolo del proyecto.

Yo no soy empresario, no me siento como uno. Me siento un trabajador común”, dice Maionchi al finalizar.

Pollolín

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