Actualidad Mercados Agricultura Clima Ganadería Maquinaria Agrolatam Agricultura Crotalaria Agricultura Jueves, 15 de enero de 2026 Crotalaria: una alternativa forrajera estival que gana lugar en los sistemas mixtos

De rápido crecimiento y alta fijación de nitrógeno, la crotalaria aparece como una opción estratégica para el verano, combinando forraje, cobertura y mejora del suelo.

La crotalaria emerge como una leguminosa anual estival con múltiples usos productivos, especialmente en un contexto donde el estrés hídrico, las altas temperaturas y la presión de malezas condicionan cada vez más los planteos ganaderos y agrícolas. El género cuenta con alrededor de 600 especies, originarias principalmente de regiones tropicales de África, Asia y América, aunque algunas de ellas han mostrado una muy buena adaptación a las condiciones de la región pampeana.

Se trata de una planta de rápido crecimiento, con tallos erectos y fibrosos que pueden alcanzar entre 1,8 y 2,4 metros de altura, y un sistema radicular profundo y muy desarrollado, particularmente en especies como Crotalaria juncea. Esta característica le permite descompactar suelos, mejorar la estructura de perfiles degradados y favorecer una mejor exploración del agua y los nutrientes.

Uno de los principales aportes de la crotalaria es su capacidad de fijar nitrógeno atmosférico, gracias a la simbiosis con bacterias de los géneros Bradyrhizobium y Rhizobium. Al incorporar su biomasa al suelo, no solo incrementa la materia orgánica, sino que también mejora la retención de humedad y aporta nutrientes al sistema. Ensayos realizados muestran que puede fijar más de 200 kg de nitrógeno por hectárea y generar más de 4 toneladas de materia seca por hectárea en poco tiempo, lo que la convierte en una herramienta clave para las rotaciones.

Crotalaria: una alternativa forrajera estival que gana lugar en los sistemas mixtos

Su rápido cierre del entresurco le otorga una fuerte capacidad de supresión de malezas, reduciendo la necesidad de herbicidas durante el verano. Además, se asocia muy bien con gramíneas estivales de rápido crecimiento, como la moha, logrando una mezcla eficiente para competir contra malezas de hoja ancha, un problema recurrente en los sistemas productivos actuales.

Si bien históricamente fue utilizada como fibra industrial y para la producción de aceites, hoy la crotalaria tiene un rol destacado como cultivo de cobertura y, con el desarrollo de materiales genéticos seleccionados sin alcaloides tóxicos, también como recurso forrajero. Puede utilizarse en pastoreo directo de manera ocasional o como forraje conservado, incluso sembrada en conjunto con maíz para silaje. En condiciones normales, presenta bajo o nulo riesgo de empaste, significativamente menor al de otras leguminosas como alfalfa o tréboles.

Desde el punto de vista nutricional, en estado vegetativo temprano ofrece niveles de proteína bruta entre 14 y 22%, con una digestibilidad media cercana al 60%. Sin embargo, a medida que avanza el ciclo y comienza la floración, la planta se lignifica rápidamente, aumentando los valores de fibra detergente neutro y ácida, lo que reduce la calidad del forraje. Por eso, el momento de aprovechamiento resulta determinante para capturar su mayor potencial.

En cuanto a su adaptación, la crotalaria se destaca por su resistencia a la sequía y tolerancia a altas temperaturas, cada vez más frecuentes en los veranos argentinos. Se adapta a una amplia gama de suelos, desde arenosos hasta franco-arcillosos y de baja fertilidad, aunque no tolera las heladas, lo que limita su ciclo productivo.

Es una especie típicamente estival, con fechas de siembra que van de octubre a febrero cuando el objetivo es la producción de forraje. Para la producción de semilla, las siembras tempranas dentro de ese período permiten alcanzar rendimientos potenciales cercanos a 1,2 t/ha, mientras que las siembras tardías reducen significativamente ese valor y las fechas posteriores no logran fructificar por las bajas temperaturas.

En un escenario donde el productor busca sistemas más eficientes, resilientes y sustentables, la crotalaria se consolida como una herramienta versátil, capaz de aportar forraje, fertilidad y control de malezas en un mismo cultivo, sumando valor a las rotaciones y a los planteos mixtos del verano argentino.

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