La suba récord de los aceites vegetales por biodiésel y tensión geopolítica mejora el ingreso de divisas y reposiciona a la Argentina en el comercio global.
Los precios internacionales del aceite de soja y del aceite de girasol alcanzaron niveles máximos en las últimas semanas, impulsados por la mayor demanda para biodiésel en Estados Unidos, stocks ajustados y las tensiones geopolíticas en Europa del Este. El salto, registrado entre diciembre y enero, tiene impacto directo en la Argentina, uno de los principales exportadores mundiales, porque mejora el ingreso de divisas en un contexto donde cada dólar cuenta.
En el último mes, el aceite de soja llegó a cotizar por encima de los US$1190 por tonelada, el valor más alto en cinco meses, con una suba acumulada superior al 11% desde fines de diciembre. En paralelo, el aceite de girasol tocó picos de hasta US$1600 por tonelada, niveles que no se veían desde mediados de 2022, con un aumento mensual cercano al 15%.

Según explicó Eugenio Irazuegui, analista de Zeni, la suba se consolidó de manera sostenida en enero, acompañada por un mayor interés de los fondos de inversión y por la recuperación del precio del petróleo.
Para el aceite de soja, el principal impulso llega desde Estados Unidos. Carlos Pouiller, director de AZ Group, señaló que el mercado reaccionó ante una propuesta de la Environmental Protection Agency (EPA) para consolidar mayores cortes obligatorios de biodiésel a partir de 2026.
De avanzar esta regulación -sin necesidad de pasar por el Congreso-, la producción de diésel renovable crecería un 67% interanual en 2026, llevando el consumo de aceite de soja de 6,36 a 10,65 millones de toneladas. «No dispara los precios, pero le pone un piso firme al mercado internacional«, resumió Pouiller.

En el caso del girasol, la suba está más ligada a la oferta. La menor producción en Ucrania, afectada por problemas climáticos y por el agravamiento del conflicto con Rusia, ajustó el mercado global. A eso se suman bombardeos que redujeron la capacidad de molienda, un factor clave en un cultivo donde pocos países concentran las exportaciones.
La referencia internacional, el aceite que cotiza en Rotterdam, reflejó con claridad esa tensión, con valores muy por encima de los registrados un mes atrás.
Para Gustavo Idígoras, presidente de Ciara-CEC, este escenario abre una ventana de oportunidad para la Argentina. «Los problemas productivos en Europa y la guerra en Ucrania dejan una demanda insatisfecha en mercados de alto consumo», señaló.
No es un dato menor: en 2025 la Argentina cerró con exportaciones récord de aceite de girasol, y el desafío es sostener y ampliar esa presencia, aprovechando la capacidad instalada de la industria aceitera y el agregado de valor local.
La mejora de los precios eleva la capacidad teórica de pago de la industria, aunque en el mercado interno todavía pesa la cercanía de una cosecha de girasol que podría ser récord y la fuerte oferta disponible. En el trasfondo, siguen jugando factores bien argentinos: retenciones, brecha cambiaria y reglas de juego que condicionan la competitividad frente a vecinos como Brasil.
El rally del aceite de soja y del girasol confirma que el mundo sigue demandando energía y alimentos, y que la Argentina tiene productos estratégicos para aprovecharlo. El desafío es transformar estos precios en una oportunidad sostenida, con más exportaciones, más dólares y mayor agregado de valor, en un contexto regional y global que vuelve a mirar al agro como protagonista.

