Entre nuevos acuerdos comerciales, frenos políticos y un mundo más volátil, Argentina enfrenta un 2026 clave para sus exportaciones y su agro.
Argentina cerró 2025 con exportaciones por USD 87.077 millones y un superávit comercial de USD 11.286 millones, en un contexto atravesado por nuevas alianzas comerciales, tensiones globales y un fuerte crecimiento de las importaciones. El dato, difundido por el INDEC, importa -y mucho- porque marca el punto de partida de un 2026 decisivo para el agro, principal generador de divisas del país, en medio de acuerdos todavía inconclusos y reglas de juego internacionales cada vez más inestables.
Durante el último año, las importaciones crecieron casi tres veces más rápido que las exportaciones, achicando el superávit respecto de 2024. Aun así, el complejo agroindustrial volvió a ser el pilar del comercio exterior, junto con la energía, en un escenario donde la política comercial empieza a pesar tanto como la productividad.
En 2025 se avanzó en acuerdos que podrían redefinir el mapa exportador argentino. El primero fue el tratado entre el Mercosur y la EFTA, que abre un mercado de alto poder adquisitivo para alimentos y productos agroindustriales. Luego llegó el anuncio de un acuerdo marco con Estados Unidos, bien recibido por los exportadores, aunque aún pendiente de definiciones clave.

El más relevante -y también el más incierto- es el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. Si bien promete beneficios directos para carnes, granos y economías regionales, su implementación quedó en suspenso tras la intervención del Parlamento Europeo, lo que retrasa su entrada en vigencia al menos hasta 2027.
Para el agro argentino, el punto crítico es que cerca del 80% de las exportaciones a Europa son productos agropecuarios, expuestos además a cláusulas de salvaguarda que podrían reactivar barreras si aumentan los volúmenes o bajan los precios.
El agro, sostén del superávit
Más allá de la rosca diplomática, los números muestran que el campo sigue siendo el ancla externa de la economía argentina. En 2025, las Manufacturas de Origen Agropecuario lideraron las ventas al exterior, mientras que los Productos Primarios crecieron más del 20% interanual, impulsados por soja, maíz y trigo.

Sin el aporte del agro, el saldo comercial positivo sería directamente inviable, especialmente en un contexto de mayor apertura importadora y atraso en reintegros fiscales que siguen afectando la competitividad.
Exportaciones e importaciones por rubro – Año 2025 (USD millones)
| Rubro | Monto | Variación |
|---|---|---|
| Productos Primarios (PP) | 22.144 | 21,2% |
| Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA) | 30.467 | 2,7% |
| Manufacturas de Origen Industrial (MOI) | 23.380 | 6,0% |
| Combustibles y Energía | 11.086 | 14,1% |
| Total Exportaciones | 87.077 | – |
Importaciones por uso económico
| Uso económico | Monto | Variación |
|---|---|---|
| Bienes de Capital | 15.073 | 51,3% |
| Bienes Intermedios | 24.300 | 5,5% |
| Piezas y Accesorios | 15.113 | 14,3% |
| Bienes de Consumo | 11.401 | 54,0% |
| Vehículos Automotores | 5.678 | 97,6% |
| Combustibles y Lubricantes | 3.271 | -18,0% |
| Resto | 955 | 226,6% |
| Total Importaciones | 75.791 | – |
2026: más exportaciones, pero con márgenes ajustados
Las proyecciones privadas anticipan que las exportaciones crecerían en 2026, aunque a un ritmo menor, traccionadas por energía, minería y el agro. Para el campo, el escenario combina buen potencial productivo, especialmente en maíz, con precios internacionales volátiles y un tablero global marcado por la disputa entre Estados Unidos y China.

Desde la Cámara de Exportadores de la República Argentina advierten que el tipo de cambio es necesario pero no suficiente: pesan los costos internos en dólares, la logística, el financiamiento y la presión impositiva. En otras palabras, sin competitividad sistémica, ni el mejor acuerdo comercial garantiza más exportaciones.
El 2026 encuentra a la Argentina con una oportunidad clara y un riesgo latente. El agro vuelve a estar llamado a sostener el ingreso de divisas, pero lo hará en un mundo más proteccionista, con acuerdos que avanzan lento y una competencia regional cada vez más agresiva.
La pregunta ya no es si el campo puede exportar más, sino si el país está en condiciones de acompañarlo.

