Brasil se encamina a una cosecha récord de aceite de oliva tras dos años adversos

El clima favorable y la recuperación productiva de los olivares impulsan una campaña histórica, aunque la producción local aún cubre solo una fracción del consumo interno.

Después de dos campañas marcadas por excesos de lluvias y pérdidas productivas, el sector olivícola brasileño vuelve a mostrar señales claras de recuperación. Gracias a condiciones climáticas más estables, una primavera favorable para la floración y la madurez creciente de los olivares, la producción de aceite de oliva en Brasil podría alcanzar niveles récord en 2026, según estimaciones del propio sector.

El optimismo se concentra especialmente en Rio Grande do Sul y en la región de Serra da Mantiqueira, donde los olivares muestran una carga de fruta muy superior a la de los últimos años. En el sur del país, la combinación de invierno más frío -con el mayor registro de horas frío en dos décadas- y una primavera sin lluvias extremas favoreció una polinización eficiente y una mejor cuaja.

Desde el sector destacan que este escenario contrasta con lo ocurrido en 2023 y 2024, cuando las precipitaciones excesivas afectaron seriamente la floración y redujeron la disponibilidad de aceitunas. Esta vez, la estabilidad climática permitió que los árboles expresen su potencial productivo, especialmente aquellos que ya alcanzaron una fase de plena madurez.

De acuerdo con proyecciones del Instituto Brasileño de Olivicultura, la próxima cosecha podría superar ampliamente las 6.000 toneladas de aceitunas registradas en 2023 y duplicar el volumen de aceite producido el año pasado, cuando se obtuvieron alrededor de 240.000 litros. El nuevo ciclo podría volver a ubicarse por encima de los 600.000 litros, un salto significativo para una actividad aún joven dentro del agro brasileño.

Crecimiento productivo, pero con límites estructurales

Pese al avance, la producción nacional de aceite de oliva continúa representando apenas alrededor del 1% del consumo total del país, lo que mantiene a Brasil como un mercado fuertemente dependiente de las importaciones. Sin embargo, el crecimiento sostenido de los olivares, la incorporación de tecnología y la mejora en el manejo agronómico apuntan a reducir gradualmente esa brecha.

En distintas zonas productoras del sur y del sudeste, los establecimientos prevén incrementos de producción de entre dos y tres veces respecto a la campaña anterior, tanto en volumen de aceitunas como en litros de aceite de oliva virgen extra. En la Mantiqueira, las lluvias recientes no comprometerían la cosecha, aunque podrían retrasar levemente el inicio de la recolección, sin impacto significativo en la calidad.

Una actividad que gana peso estratégico

Más allá del volumen, el sector subraya que el desarrollo de la olivicultura brasileña responde también a una estrategia de diversificación agrícola, con productos de alto valor agregado, orientación a la calidad y creciente reconocimiento internacional. En ese sentido, la expectativa de una cosecha récord refuerza la confianza en el potencial del cultivo, incluso en un país tradicionalmente asociado a otros rubros.

 

Con mejores condiciones climáticas, olivares más consolidados y una demanda interna en expansión, el aceite de oliva brasileño atraviesa un momento clave: crece desde una base pequeña, pero con señales claras de maduración productiva y mayor estabilidad frente a los vaivenes climáticos.

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