Desde Córdoba advierten que el productor lechero recibe hoy solo una cuarta parte del valor final de los lácteos, el nivel más bajo desde 2018.
En febrero de 2026, los productores lecheros de Córdoba encendieron una señal de alerta por la pérdida de rentabilidad, al advertir que otros eslabones de la cadena láctea vuelven a apropiarse de sus márgenes. El planteo fue realizado por la Cámara de Empresarios Lecheros de Córdoba (CEL) y pone el foco en un dato clave: la participación del tambero en el precio final cayó al 24,3% en diciembre de 2025, el nivel más bajo desde 2018.
Durante años, el productor lechero recibió alrededor de un tercio del valor que paga el consumidor por los productos lácteos. Hoy, esa proporción se redujo drásticamente. La pregunta que encabeza el comunicado del CEL resume el malestar del sector: «¿Quién se está comiendo el queso?»

Tras un par de años de relativa bonanza, los productores sienten que no son ellos quienes capturan la mejora de la cadena, pese a haber invertido y aumentado el volumen de producción.
Desde la entidad explicaron que en 2025 la producción lechera creció un 10% respecto de 2024, pero ese incremento dejó al descubierto desajustes estructurales.
«Volvemos a vivir situaciones de pérdida de rentabilidad e incertidumbre que ponen en riesgo la continuidad de una actividad que genera alto nivel de empleo y arraigo por hectárea«, advirtieron.
El desacople se profundizó en el último semestre. Según el CEL:
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El precio en tranquera de tambo está prácticamente congelado desde mayo de 2025.
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En todo el año, el precio SIGLEA aumentó solo 8%, frente a un 16% del precio de salida de fábrica.
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En paralelo, los sólidos útiles crecieron más de 2% respecto de 2024, lo que agrava la sensación de atraso para el productor.
Los dedos apuntan principalmente a la industria láctea. De acuerdo con datos de Dairylando, entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025 la leche cruda subió 8%, mientras que el índice mayorista de lácteos avanzó 17,4%.

Aun así, los precios finales no logran empardar la inflación, lo que agrega tensión a toda la cadena.
El escenario se complica aún más por factores productivos. La falta de lluvias desde diciembre de 2025 y las altas temperaturas provocaron fuertes caídas en cantidad y calidad de las reservas forrajeras, como silaje de maíz y heno.
Esto impactará directamente en la producción por vaca en ordeño y elevará los costos de alimentación proyectados para 2026, justo cuando el precio recibido por el productor sigue rezagado.
Desde la Cámara fueron contundentes:
«Los productores hicimos las inversiones necesarias para aumentar volúmenes, pero eso no se refleja en la participación del precio final». Por eso, reclamaron más diálogo entre los distintos actores de la cadena láctea, con el objetivo de revertir una situación que vuelve a poner al eslabón primario contra las cuerdas.

