Ocho de los últimos diez veranos fueron secos y el impacto ya se mide en rindes. Maíz temprano golpeado, soja en suspenso y lluvias decisivas.
La campaña gruesa 2025/26 atraviesa uno de sus momentos más delicados en la Zona Núcleo y el centro del país, con pérdidas ya consolidadas en maíz temprano y un final abierto para la soja. El fenómeno se explica por la reiteración de veranos con lluvias por debajo de lo normal, un patrón que técnicos del INTA y productores vienen advirtiendo desde hace años y que hoy vuelve a condicionar los rindes y las decisiones productivas.
Según explicó Gustavo Ferrari, ingeniero del INTA Pergamino, ocho de los últimos diez veranos registraron precipitaciones inferiores a la media histórica, con registros que confirman un estrés hídrico persistente en el norte bonaerense y el sur de Santa Fe. Con datos que se remontan a 1910, Ferrari señaló que 2022 fue el segundo año más seco de los últimos 120, y que muchos récords de temperatura y de períodos sin lluvias se concentran en los últimos ciclos.

«El balance hídrico de enero es cada vez más negativo. Altas temperaturas, días largos y fuerte demanda atmosférica hacen que ya no haya margen de compensación», advirtió el técnico. Cuando el verano aporta 250 o 300 milímetros, frente a los 400 o 500 habituales, el potencial productivo inevitablemente se cae, remarcó.
Ese diagnóstico técnico se refleja en el campo. Productores del sur de Córdoba y norte de Buenos Aires ya reportan pérdidas de hasta el 50% en maíces tempranos, especialmente los sembrados en septiembre. En zonas como Río Cuarto y Vicuña Mackenna, hay lotes directamente no cosechables, que fueron picados para forraje ante la imposibilidad de llegar a grano.
«La situación no es como la de 2012, algo se va a trillar, pero el daño es importante», describió David Tonello, productor cordobés, mientras que otros alertan por el efecto combinado de falta de lluvias y radiación solar extrema, un factor que aceleró el estrés de los cultivos.

En soja de primera, el panorama es más heterogéneo, pero igualmente preocupante. Ya se observan pérdidas del 20 al 30%, con aborto de flores y vainas en pleno período reproductivo. La soja de segunda y los maíces tardíos todavía conservan potencial, aunque dependen de manera crítica de lluvias en las próximas semanas.
Desde las bolsas de cereales y consultoras privadas coinciden en que las proyecciones iniciales de producción están en revisión. Las estimaciones de 61 millones de toneladas de maíz y 52 de soja aparecen hoy difíciles de alcanzar si no se normalizan las precipitaciones en febrero.
Más allá de la coyuntura, la reiteración de campañas secas vuelve a poner en discusión los sistemas productivos tradicionales de la Zona Núcleo. El avance del maíz tardío, la diversificación de cultivos, el ajuste de densidades y la búsqueda de mayor eficiencia en el uso del agua son respuestas que ya están en marcha. Sin embargo, como sintetizó Ferrari, el principal límite sigue siendo el clima: «Nuestro gran adversario sigue siendo la sequía».

