La ampliación del cupo a Estados Unidos no sacará carne del mostrador local. Analistas hablan de sustitución de destinos y foco en el ciclo ganadero.
El 9 de febrero de 2026, tras la firma del acuerdo de comercio e inversiones entre la Argentina y Estados Unidos, y la orden ejecutiva del presidente Donald Trump que amplió de 20.000 a 100.000 toneladas la cuota de exportación de carne vacuna, referentes del sector coincidieron en que no habrá una suba automática del precio de la carne en las carnicerías. La medida importa porque reordena el mapa exportador en un contexto de cambio de ciclo ganadero, con menos oferta por retención de hacienda, pero sin tensionar el consumo interno.
Los analistas subrayan que la firmeza de los precios no nace del nuevo cupo sino de un proceso previo: la Argentina salió de un ciclo de liquidación y entró en uno de retención. Tras tres años de faena por encima del equilibrio, el rodeo perdió más de tres millones de cabezas. Desde fines de 2025, la señal política y comercial impulsó a los productores a recomponer stocks, reduciendo la faena durante 2026.
Según Víctor Tonelli, el impacto esperado para este año sería una caída cercana a 200.000 toneladas de producción por menos cabezas a faena, aun con animales más pesados. Eso ya implicaba una baja del consumo per cápita -de 49 a 45 kilos por habitante– antes del anuncio de la cuota.
Clave del debate: las 80.000 toneladas adicionales no «vacían» el mercado interno. «No se llevan lomos ni asado; lo que va es carne deshuesada y magra«, explicó.

El destino estadounidense demanda carne magra para manufactura, utilizada para mezclar con carne más grasa local y producir hamburguesas. No son cortes parrilleros, ni de alto consumo doméstico. Por eso, el efecto principal será sustituir otros destinos -como China, Chile o Israel- según precios relativos, y no sumar presión sobre el mostrador.
Para Juan Eiras (CAF), el atractivo de EE.UU. dependerá de que sus precios superen a otros mercados. «El primer movimiento será de sustitución«, señaló, y advirtió que es temprano para medir competencia con el mercado interno. Además, descartó un boom: costos altos y márgenes ajustados mantienen a la cadena «incómoda», aun con mejores perspectivas para 2026.

Desde la industria, Francisco López Harburu fue claro: el precio depende del ciclo ganadero, no de cuántas toneladas se exportan. A corto plazo, el cupo puede mejorar el precio promedio del animal, pero no hay garantía de traslado al mostrador, que ya opera en niveles elevados. A mediano plazo, un mejor incentivo podría generar más kilos producidos y reacomodar valores a la baja por mayor oferta.
La nueva cuota a EE.UU. reordena destinos y mejora expectativas para el productor, pero no es el disparador de subas en carnicerías. El factor decisivo sigue siendo el ciclo ganadero. Para la Argentina, el desafío es aprovechar la ventana externa sin perder equilibrio interno, en una cadena que necesita reglas claras, costos más bajos y previsibilidad para volver a crecer.

