Entre el 16 y el 22 de febrero se esperan lluvias por encima de lo normal en la zona núcleo. Un alivio clave para soja y maíz en etapas sensibles.
Un frente frío activó lluvias y tormentas sobre la región pampeana y el Litoral entre el 16 y el 22 de febrero, marcando el inicio de una semana determinante para la campaña agrícola 2025/26. El fenómeno, analizado por el meteorólogo Leonardo De Benedictis, impacta en provincias como Buenos Aires, La Pampa, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y San Luis, en un momento crítico para la soja y el maíz. ¿Por qué importa? Porque llega tras semanas de déficit hídrico en la zona núcleo y puede redefinir el potencial de rinde.
La tercera semana de febrero muestra un cambio estructural en el patrón meteorológico del centro del país. Las precipitaciones ya comenzaron a registrarse con acumulados localmente importantes, aunque con distribución heterogénea. No se trata de un evento completamente generalizado, pero sí de un giro respecto a la primera quincena, que dejó a buena parte del centro-este argentino con lluvias prácticamente ausentes.

Lluvias por encima de lo normal en plena etapa crítica
Entre el 16 y el 22 de febrero, los modelos climáticos -con base en el ECMWF- proyectan anomalías positivas de precipitación sobre la región pampeana, extendiéndose también hacia sectores de Cuyo y el Litoral.
El patrón atmosférico prevé varios pasajes frontales e inestabilidad recurrente. No lloverá todos los días, pero la reiteración de sistemas podría generar un balance semanal superior al promedio climático de febrero.
En términos productivos, esto no es un dato menor. La soja de primera atraviesa etapas de llenado de grano y el maíz tardío define rendimiento, fases extremadamente sensibles al estrés hídrico. La recomposición de perfiles de humedad puede atenuar pérdidas potenciales acumuladas en semanas previas.
Para un país donde la «sojización» sigue siendo eje de la matriz exportadora, cada milímetro cuenta. Más aún en un contexto de márgenes ajustados por retenciones y brecha cambiaria, donde el rinde termina siendo la variable que define rentabilidad.

Temperaturas sin extremos y alivio térmico
La semana estará acompañada por valores térmicos mayormente dentro de los parámetros normales para febrero. La mayor nubosidad y la circulación de viento sur moderarán los picos de calor.
No se esperan extremos generalizados. Las anomalías positivas se concentrarán en el norte argentino -Chaco, Formosa y norte de Salta- y en sectores del extremo sur como Santa Cruz, Chubut y Río Negro. Pero en la región central, el combo de lluvias y temperaturas moderadas mejora el escenario agroclimático.
Entre el 23 de febrero y el 1 de marzo, el patrón tendería a normalizarse o incluso mostrar lluvias por debajo de la media en buena parte del país. Es decir, la tercera semana concentraría el mayor aporte hídrico de la segunda quincena.
Esto implica que, aunque el promedio mensual pueda cerrar levemente deficitario por el arrastre seco de comienzos de mes, el impacto productivo dependerá en gran medida de lo que ocurra ahora.

Qué significa para el agro argentino
En un año donde los números están finos y la competitividad externa se juega también contra Brasil y Estados Unidos, el clima vuelve a ser protagonista. Una recuperación hídrica significativa en la región central puede sostener rindes y aliviar la presión financiera de productores que vienen de campañas con alta volatilidad.
La clave será la distribución espacial: si las lluvias se concentran en núcleos aislados, el beneficio será dispar. Pero si logran recomponer perfiles de manera más extendida, el impacto podría sentirse en la oferta exportable y en el flujo comercial de la segunda mitad del año.
