Tras el acuerdo con Washington, frigoríficos y Gobierno aceleran la implementación. La clave: cómo distribuir el cupo y maximizar valor.
Tras el acuerdo entre la Argentina y Estados Unidos que amplió a 100.000 toneladas la cuota para carne vacuna con un arancel prácticamente nulo (US$44,4 por tonelada), la semana estuvo marcada por intensas reuniones entre frigoríficos exportadores y el Gobierno para definir su implementación. El entendimiento, que coloca a EE.UU. como segundo destino en volumen detrás de China, puede redefinir la estrategia exportadora argentina y mejorar el ingreso de divisas en un contexto donde cada mercado premium cuenta.
El sector celebró el entendimiento, inédito por su magnitud. Nunca antes la Argentina tuvo un cupo tan amplio en ese mercado.
Sin embargo, la discusión ahora gira en torno a un punto técnico clave: en la proclama estadounidense se incluyó el término «recortes para trimming» y no cortes en general. La interpretación abre interrogantes sobre si el beneficio alcanzará también a cortes premium como lomo, bife ancho o cuadril.

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La sintonía política entre ambos mandatarios fue determinante para alcanzar el entendimiento
En el sector explican que la urgencia norteamericana apunta a contener el precio interno de productos masivos como las hamburguesas, de ahí la referencia al trimming. No obstante, los negociadores argentinos trabajan para que la aplicación sea lo más amplia posible.
Una alternativa que se analiza es que las 20.000 toneladas históricas queden orientadas a cortes finos y las 80.000 toneladas adicionales se destinen a trimming y mantas. También podría revisarse la clasificación arancelaria durante las reuniones técnicas pendientes.
El nuevo esquema funcionará con cuotas trimestrales. Lo que no se exporte en un trimestre no podrá trasladarse al siguiente. En el primer tramo regirá el criterio de «primero llegado, primero servido», lo que obliga a las empresas a acelerar contratos y logística.

El desafío para los frigoríficos será equilibrar destinos. Estados Unidos paga mejores valores que China, por lo que podría darse una redistribución de envíos hacia el mercado norteamericano.
China continúa como principal comprador en volumen. Para 2026, la Argentina cuenta con una autorización de 511.000 toneladas con un arancel del 12,5%; superado ese nivel, el gravamen escala al 55%.
En contraste, Brasil vio reducido su cupo en 352.000 toneladas, lo que mejora la posición relativa argentina. Esto podría abrir oportunidades adicionales, aunque parte del negocio podría migrar hacia EE.UU. si la ecuación de precios resulta más atractiva.
El sector coincide en que el objetivo estratégico es diversificar destinos. Japón -para todo el país y no solo la Patagonia- y Corea del Sur figuran entre las metas prioritarias.
En ese terreno, Uruguay aparece como competidor directo. Con igual estatus sanitario, logró diferenciarse por su sistema integral de trazabilidad individual, un activo que le permitió acceder a mercados exigentes.
La Argentina también proyecta una misión a China para destrabar el ingreso de menudencias y tiene en agenda avanzar sobre subproductos en la Unión Europea. El sudeste asiático surge como otra frontera con potencial.

El nuevo cupo con Estados Unidos llega en un momento de precios firmes en ese mercado y buena sintonía política entre ambos gobiernos. Pero la oportunidad no se materializará sola.
El éxito dependerá de una implementación ágil, de la coordinación público-privada y de la capacidad de sostener competitividad cambiaria y sanitaria. Si se logra capitalizar el acceso a 100.000 toneladas con arancel casi cero, la carne argentina puede dar un salto cualitativo en valor exportado.

