Un nuevo recubrimiento biodegradable aplicado sobre la copa de los árboles promete disminuir la radiación UV y el estrés por calor, mejorando el rendimiento comercial en frutales perennes.
El avance de las olas de calor y los eventos de radiación solar extrema está modificando la gestión de los huertos frutales a nivel global. En campañas recientes, productores de cítricos, manzanas, peras, olivos, frutos secos y aguacates han reportado mayores niveles de golpe de sol, pérdida de coloración, deshidratación superficial y caída en la proporción de fruta exportable. Frente a este escenario, comienzan a posicionarse nuevas herramientas agronómicas basadas en bioestimulantes foliares con efecto reflectante, diseñados para aplicarse directamente sobre la copa de los árboles.
La tecnología consiste en un recubrimiento líquido biodegradable formulado a base de almidón, que al pulverizarse genera una fina capa visible de micropuntos blancos sobre hojas y frutos. Este patrón actúa como un filtro físico que refleja parte de la radiación incidente, especialmente en el rango UVB, reduciendo la temperatura superficial sin bloquear completamente la luz fotosintéticamente activa. A diferencia de los sistemas tradicionales como mallas de sombreo o estructuras permanentes, esta solución permite una aplicación flexible en huertos a cielo abierto y se integra al esquema habitual de pulverización.
Ensayos a campo realizados en distintas regiones productivas muestran reducciones medibles en la temperatura de la superficie del fruto durante picos de calor. Esa disminución térmica se traduce en menor incidencia de necrosis epidérmica, menos daño por insolación y una mejora en la uniformidad del color, variables que impactan directamente en la categoría comercial. En cultivos como naranjas, mandarinas y limones, donde la piel es particularmente sensible, el control del estrés térmico permite sostener estándares exigidos por mercados de exportación. Resultados similares se observan en manzanas y peras, donde la sobreexposición solar suele generar manchas y degradación de calidad en la etapa final de maduración.
Uno de los diferenciales técnicos es la incorporación de pigmentos reflectores específicos para UVB, que complementan o superan el uso tradicional de carbonato de calcio. Esta formulación busca mantener un equilibrio entre protección y actividad fisiológica, estimulando la fotosíntesis bajo condiciones de alta radiación. Productores que participaron en pruebas piloto reportaron no solo menor daño visible, sino también mayor proporción de fruta dentro de calibres comerciales y reducción en descarte postcosecha.
El registro de este tipo de insumos como bioestimulantes para perennes leñosas en la Unión Europea abre la puerta a una expansión más ordenada del segmento. En Estados Unidos, distintos estados también autorizaron su comercialización, lo que impulsa un despliegue global a través de distribuidores especializados. La tendencia coincide con una creciente demanda de soluciones compatibles con esquemas de producción sustentable, dado que el recubrimiento es biodegradable y no deja residuos permanentes en la planta.
En América Latina, donde países como Chile, Perú, Argentina y Brasil concentran grandes superficies de frutales destinados a exportación, la adopción de tecnologías de mitigación térmica comienza a evaluarse como parte de la estrategia productiva. En zonas donde las temperaturas superan con frecuencia los 35 °C durante etapas críticas de cuaja y engorde, el daño solar dejó de ser un evento excepcional para convertirse en un riesgo recurrente. La pérdida de fruta comercializable no solo impacta en volumen, sino también en precio promedio y cumplimiento de contratos internacionales.
El desarrollo no se limita a frutales. Ya existen líneas de investigación orientadas a adaptar el concepto a cultivos agrícolas como papas, remolacha azucarera y cebolla, donde el estrés térmico afecta rendimiento y calidad industrial. La posibilidad de aplicar una barrera reflectante temporal abre un nuevo capítulo en el manejo agronómico frente al cambio en los patrones climáticos.
El interés por este tipo de bioinsumos refleja una transformación más amplia en la agricultura intensiva. La protección frente a radiación y calor excesivos pasa a ser una variable técnica tan relevante como el riego o la nutrición. Para los productores, la ecuación es concreta: reducir pérdidas por insolación y sostener estándares de calidad en mercados cada vez más exigentes. En ese escenario, los recubrimientos foliares biodegradables con efecto reflectante se posicionan como una herramienta adicional para preservar productividad y competitividad en frutales de alto valor.

