Sorgo y China: Brasil vuelve a exportar y mira el mercado asiático

Tras 12 años sin ventas, Brasil envió en enero un cargamento de sorgo a China. El volumen fue mínimo, pero reabre un mercado clave. ¿Se abre una puerta para Argentina?

Brasil exportó en enero su primer cargamento de sorgo a China desde 2014, según datos oficiales publicados el 19 de febrero por Reuters. El envío fue de apenas 25,83 toneladas, equivalente a un solo contenedor, pero marca la reapertura formal de un mercado estratégico. La operación se da tras la habilitación, en noviembre pasado, de diez empresas brasileñas para vender el grano al gigante asiático, luego de resolver cuestiones fitosanitarias. El dato importa porque China busca diversificar proveedores en medio de tensiones comerciales con Estados Unidos, su histórico abastecedor. Y ahí surge la pregunta inevitable: ¿puede Argentina aprovechar esta ventana?

De acuerdo con registros oficiales, la última compra china de sorgo brasileño había sido en 2014, cuando adquirió 1.374 toneladas. Desde entonces, el flujo comercial quedó en cero. La novedad de enero es simbólica pero estratégica: China necesita alternativas para la alimentación animal, en un contexto de disputas arancelarias con Estados Unidos y mayor presión por la seguridad alimentaria.

China diversifica y Brasil vuelve al radar

China diversifica y Brasil vuelve al radar

Según datos del United States Department of Agriculture (USDA), China es uno de los mayores importadores mundiales de granos forrajeros. En ese tablero, el sorgo juega un rol clave como insumo para balanceados y también para etanol.

En Brasil, la producción viene en alza. La estatal Companhia Nacional de Abastecimento (Conab) proyecta para la campaña actual una cosecha de 6,7 millones de toneladas, casi un 10% más que el ciclo previo. Sin embargo, referentes del sector admiten que el saldo exportable es acotado por la fuerte demanda interna, especialmente de la industria de maíz y etanol que también utiliza sorgo como materia prima.

Mercosur y competencia: ¿dónde queda Argentina?

Para la Argentina, el movimiento brasileño tiene doble lectura. Por un lado, confirma que China está dispuesta a ampliar su matriz de proveedores en Sudamérica, algo que puede favorecer al Mercosur en su conjunto. Por otro, marca que Brasil se mueve rápido cuando detecta oportunidades y resuelve trabas sanitarias.

En nuestro país, el sorgo es un cultivo relevante en rotaciones, especialmente en zonas marginales y con estrés hídrico. Sin embargo, la superficie ha oscilado en los últimos años en función de precios relativos, retenciones y la brecha cambiaria que impacta en la toma de decisiones del productor.

La pregunta es si Argentina puede ganar espacio. A diferencia de la soja o el maíz -donde la «sojización» y los derechos de exportación pesan fuerte en la ecuación- el sorgo podría convertirse en una carta estratégica para diversificar la canasta exportadora y sumar agregado de valor, especialmente si se integra a esquemas de bioenergía o proteínas animales.

Sorgo y China: Brasil vuelve a exportar y mira el mercado asiático

El caso brasileño muestra que la llave fue sanitaria. Tras una misión de inspección china el año pasado, se aprobaron diez exportadores y se destrabó el comercio. En la región, las barreras arancelarias conviven con exigencias crecientes de trazabilidad y protocolos fitosanitarios.

Argentina tiene experiencia en este terreno, pero enfrenta desafíos internos: infraestructura logística, costos portuarios y volatilidad normativa. Mientras Brasil avanza con una política de expansión agrícola y acuerdos comerciales activos, aquí el debate sobre retenciones y competitividad sigue abierto.

¿Una oportunidad concreta o solo un gesto simbólico?

El volumen exportado por Brasil es mínimo y, según fuentes del sector, podría tratarse incluso de un envío de prueba o evaluación de calidad. Pero el gesto político-comercial es potente: China reabre la puerta al sorgo sudamericano.

Si el conflicto comercial con Estados Unidos persiste y el gigante asiático consolida su estrategia de diversificación, podría ampliarse la demanda regional. En ese escenario, Argentina debería definir si quiere ser un actor pasivo o un proveedor confiable y estable.

La clave no pasa solo por producir más, sino por generar condiciones previsibles, reducir la incertidumbre cambiaria y potenciar el agregado de valor en origen. En un mundo que reconfigura sus flujos comerciales, cada ventana cuenta.

 

Brasil ya dio el primer paso. La incógnita es si Argentina está lista para cruzar esa puerta.

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