La Corte de EE.UU. limitó los aranceles de Trump, pero la cuota extra de carne para la Argentina seguiría vigente. Impacto clave para el agro.
El 20 de febrero de 2026, la Corte Suprema de Estados Unidos anuló la mayoría de los aranceles globales que había impuesto Donald Trump, pero en la Argentina el foco estuvo puesto en otro punto: la cuota adicional de 80.000 toneladas de carne bovina que el mandatario norteamericano otorgó por fuera del acuerdo comercial bilateral seguiría vigente. Para el sector cárnico local, que mira cada movimiento en Washington con lupa, la noticia importa -y mucho- porque consolida un mercado que hoy es estratégico en plena competencia regional.
La decisión judicial declaró ilegales los aranceles que se habían justificado bajo la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA), es decir, aquellos vinculados a una «emergencia económica» y los llamados aranceles recíprocos, que en el denominado «Liberation Day» iban del 10% al 41% adicional para casi todos los países.

Sin embargo, la ampliación del cupo para la carne argentina -que pasó de 20.000 a 100.000 toneladas- fue otorgada mediante una proclama específica titulada «Ensuring affordable beef for the American consumer», basada en la necesidad de abastecer el mercado interno estadounidense ante el alza de precios. No formó parte del esquema arancelario general ni del acuerdo ARTI, por lo que, según fuentes exportadoras, no estaría alcanzada por el fallo.
«Creemos que el fallo no alcanza a la carne, porque es una proclama independiente del acuerdo comercial«, señalaron desde el sector frigorífico. Una alta fuente oficial agregó que la cuota fue habilitada por «otra ley que no está afectada por la resolución», aunque los equipos técnicos siguen analizando los alcances.

Para entender la magnitud del tema hay que leerlo en clave regional. Mientras Brasil consolida su liderazgo global con escala y competitividad cambiaria, y Uruguay sostiene su diferencial sanitario y de trazabilidad, la Argentina pelea mercado con costos internos elevados, presión impositiva y el eterno debate por las retenciones y la brecha cambiaria. En ese tablero, Estados Unidos se convirtió en enero en el segundo destino más importante para la carne argentina, algo inédito.
Según el Consorcio ABC, en enero las exportaciones de carne bovina refrigerada y congelada alcanzaron 52.400 toneladas peso producto, una caída del 8,2% mensual pero un crecimiento interanual del 12,2%. En divisas, representaron US$332,9 millones, con un precio promedio de US$6351 por tonelada, 28,6% superior al de enero de 2025.

El dato más relevante es el salto en los envíos a EE.UU., todavía bajo la cuota original de 20.000 toneladas. «Fue muy significativo el incremento y se ubicó como el segundo mercado más importante, algo que nunca había ocurrido», explicó el consultor Víctor Tonelli.
Hoy, China concentra el 57,4% de los volúmenes exportados, lo que mantiene la dependencia de un solo gran comprador. En ese contexto, diversificar mercados es una estrategia clave. El acceso ampliado a EE.UU. no solo mejora precios promedio, sino que permite colocar cortes de mayor valor agregado, algo que históricamente la Argentina busca potenciar frente al modelo más volumétrico brasileño.
No obstante, el frente interno sigue condicionando. Desde el sector advierten que el costo creciente de la hacienda limita la rentabilidad exportadora. La menor oferta de materia prima y una faena que cayó 10% en enero también restringieron los volúmenes.
El fallo de la Corte estadounidense introduce un nuevo equilibrio en el comercio global. Le puso un freno a la potestad unilateral del presidente para subir aranceles sin pasar por el Congreso, lo que puede modificar la dinámica de negociación que Trump había impuesto: primero castigar con aranceles y luego sentarse a negociar concesiones.
Para la Argentina, la clave ahora es sostener previsibilidad. En un mundo donde crecen las barreras arancelarias, la presión por la trazabilidad y la huella ambiental, y la competencia regional es cada vez más agresiva, mantener el cupo ampliado en EE.UU. representa una ventana estratégica.
El desafío es claro: sin resolver distorsiones internas -retenciones, costos logísticos, presión fiscal- será difícil capitalizar plenamente esta oportunidad. Pero si el beneficio queda firme hasta diciembre, como prevé la orden ejecutiva, la carne argentina podría consolidar un posicionamiento que equilibre la fuerte dependencia china y fortalezca su presencia en un mercado premium.
En un escenario global volátil, la cuota extra no es solo un dato comercial: es una pieza más en el ajedrez donde la Argentina define si juega a defenderse o a recuperar protagonismo.

