Investigaciones del INTA y otros organismos advierten que la mala gestión del recurso acelera el agotamiento de los acuíferos y compromete tanto a los cultivos regionales como al consumo humano

La crisis hídrica que atraviesa San Juan se profundiza y empieza a mostrar consecuencias cada vez más visibles sobre la producción agropecuaria. Así lo advierte Facundo Vita Serman, investigador del INTA y director del Centro de Investigación, Desarrollo e innovación para la Gestión Integral del Agua en el Árido (CIGIAA), un espacio interinstitucional que reúne al INTA, el INA, la Universidad Nacional de San Juan, la CONAE y el Gobierno provincial.
Desde ese ámbito, el equipo viene elaborando informes de coyuntura hídrica que alertan sobre un escenario crítico. “Todo el noroeste argentino está bajo una situación muy compleja por el cambio climático. Las precipitaciones en la cordillera cambiaron severamente y nos estamos quedando sin agua”, explicó a Agrofy News Vita Serman.
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En el caso de San Juan, el problema se agrava por un factor adicional: la gestión del recurso. “No solo tenemos menos agua, sino que la administramos mal desde hace décadas”, señaló. El sistema de distribución por canales presenta bajas eficiencias, con importantes pérdidas en la conducción y en el uso final, lo que termina reduciendo la disponibilidad real para los productores.
Acuíferos en alerta
La situación es especialmente delicada en el Valle de Tulum, donde se concentran gran parte de las actividades productivas. Allí conviven dos acuíferos: uno libre y otro confinado. Según datos relevados por los organismos técnicos, el acuífero libre baja en promedio tres metros por año desde hace dos décadas, mientras que el confinado desciende alrededor de un metro y medio anual.

“El volumen de agua que se está extrayendo equivale a unos 240 hectómetros cúbicos, prácticamente la capacidad total del dique de Ullum”, detalló el investigador. A esto se suma un dato aún más preocupante: estudios del INA indican que parte del agua que hoy se bombea es agua fósil, con más de 10.000 años de antigüedad, es decir, un recurso no renovable.
Este proceso no solo pone en riesgo la continuidad de los emprendimientos productivos, sino también el abastecimiento urbano. “El 50% del agua potable de San Juan proviene del agua subterránea. Si seguimos con esta dinámica de sobreexplotación, en cinco años la provincia puede quedarse sin agua subterránea para consumo humano”, advirtió Vita Serman.
Pistacho, olivo y el debate por el agua

En ese contexto, cultivos como el pistacho y el olivo quedaron bajo la lupa. Se trata de producciones que crecieron con fuerza en los últimos años y que, en su mayoría, se desarrollan fuera de las zonas de riego tradicional, por lo que dependen casi exclusivamente del agua subterránea.
Argentina continúa importando pistacho, pero no alcanza la producción propia a satisfacer el mercado interno, ya que el pistacho tiene algunas características climáticas que hacen que no se pueda cosechar en cualquier lado.
“Muy pocas fincas de pistacho se alimentan de agua por canales. La mayoría bombea del acuífero, igual que el olivo”, explicó el investigador. Esto implica altos costos energéticos, pero también una mayor eficiencia en la aplicación del agua, ya que utilizan riego presurizado.
Vita Serman remarcó que responsabilizar a estos cultivos por la escasez hídrica es una simplificación que no ayuda a resolver el problema. “Relacionar al pistacho con un uso excesivo del agua no es afortunado. Son cultivos de bajo consumo hídrico. El problema de fondo es la gobernanza del agua”, afirmó.
Según explicó, la mala gestión favorece a sectores menos eficientes en términos productivos, mientras pone en riesgo a actividades que dependen exclusivamente del acuífero. “La viticultura, que utiliza mayormente agua superficial por canales, se lleva gran parte del recurso, pero con eficiencias muy bajas. Eso termina afectando a las actividades que bombean agua subterránea y dependen de que el acuífero se recargue”.
«Si se quiere desarrollar una actividad económica fuerte, como estrategia provincial o nacional, se tiene que poner en discusión el uso del agua» aseguró.
«La cámara pistachera le está diciendo a los inversores que no vengan a plantar acá porque no les aseguran el agua» añadió.
Un sistema que no se adapta a la demanda
Uno de los puntos centrales del reclamo técnico es el sistema de entrega de agua. Actualmente, en San Juan se utiliza un esquema de coeficiente fijo: se entrega el mismo volumen independientemente del cultivo o del momento del año. “Se entrega lo mismo en septiembre que en enero, y lo mismo cualquier cultivo, cuando las demandas son completamente distintas”, explicó Vita Serman.
Desde el CIGIAA proponen avanzar hacia un sistema de entrega por demanda, que permita mejorar la eficiencia, asegurar el agua cuando el cultivo la necesita y destinar parte del recurso a la recarga de los acuíferos. En ese sentido, destacó que ya hay diálogo entre cámaras productivas; vitícolas, olivícolas y pistacheras, para discutir una estrategia común.
El agua como eje del futuro productivo
De cara al futuro, el investigador advierte que el conflicto por el agua tenderá a intensificarse, con nuevos actores en escena, como la minería. “La minería es otro usuario del agua y, cuando hablás de agua, hablás de conflicto entre usuarios”, señaló. En ese escenario, insistió en que la clave será mejorar la eficiencia y definir prioridades con una mirada integral.
“El agua hay que mirarla desde la cuenca, entendiendo cuánta hay, quién la usa y con qué productividad”, sostuvo. Y concluyó: “Si no cambiamos la forma en que gestionamos el recurso, no solo se pone en riesgo la producción de pistacho u olivo, sino el desarrollo de toda la provincia”.
Cómo se puede manejar el riego
En el marco de la crisis hídrica actual, la Estación Experimental San Juan de INTA, ha realizado una serie de videos con recomendaciones en el manejo de los distintos cultivos.
