En enero, los tambos perdieron casi $20 por litro y la rentabilidad tocó su piso en 24 meses. Productores piden una urgente recomposición de precios.
La rentabilidad de los tambos argentinos se desplomó en enero, alcanzando su peor nivel en dos años, según datos del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA). Los productores perdieron casi $20 por litro, en un contexto de precios retrasados frente a la inflación. El dato importa porque compromete la sustentabilidad de una de las principales economías regionales y vuelve a tensionar a toda la cadena láctea.
De acuerdo con el informe mensual del OCLA, el precio promedio nacional pagado al productor fue de $479,83 por litro, mientras que el costo de producción se ubicó en $499,32, lo que arrojó una rentabilidad negativa del 1,4%. Es el tercer mes consecutivo en rojo, tras casi dos años de números positivos.
La caída es abrupta: se trata del peor registro desde enero de 2024. Y el escenario empeora si se considera la rentabilidad exigible al capital invertido del 5% que mide el propio OCLA: en ese caso, el productor debería haber cobrado $566,68 por litro, casi $90 más que el valor actual.
Aunque la pérdida por litro pueda parecer acotada, el volumen diario amplifica el problema. Un tambo promedio en Argentina produce unos 4.000 litros diarios, lo que implica una pérdida cercana a $80.000 por día y alrededor de $2,4 millones mensuales solo para cubrir costos. Para alcanzar una rentabilidad razonable del capital, el rojo treparía a más de $9 millones mensuales.
El golpe no es homogéneo. Los tambos más chicos -con un promedio de 1.761 litros diarios- registran una rentabilidad negativa del 2,55%. Los medianos pierden 1,94%, mientras que los establecimientos grandes (8.830 litros diarios) logran apenas una ganancia del 1,14%.
La escala vuelve a marcar diferencias: mayor volumen suele estar asociado a mejor adopción tecnológica, eficiencia en insumos y procesos, y mejores resultados económicos.
El trasfondo del deterioro es claro: el precio que pagan las usinas quedó muy por detrás de la dinámica macroeconómica. En el último año, el valor en tranquera subió apenas 7,7%, contra una inflación minorista del 32,4%, mayorista del 26,4% y un aumento de costos productivos del 19,5%.
En un país donde la brecha entre costos y precios suele licuar márgenes, el tambo vuelve a quedar como variable de ajuste. Y, a diferencia de otras actividades del agro, la lechería no tiene retenciones ni un «dólar diferencial» que amortigüe el impacto macro.
Desde la Cámara de Productores de Leche de la Cuenca Oeste de Buenos Aires (Caprolecoba) advirtieron que es «necesaria una recuperación del precio a la brevedad posible» y sostuvieron que «no parece una utopía».
El argumento se apoya en factores de mercado: desde fin de año se redujo la sobreoferta interna por la caída estacional de producción y mayores exportaciones. El consumo, aunque no convalidó subas significativas, tampoco se desplomó.
Además, el stock de las pymes queseras se redujo a niveles técnicos, mientras que las grandes industrias exportadoras -mejor posicionadas- soportan el actual rigor macroeconómico. En cambio, empresas que ya venían complicadas estarían saliendo del negocio, presionadas por tasas de interés elevadas.
El contraste es llamativo: 2025 cerró con la mayor producción de leche en una década, y se proyecta otro incremento este año. Sin embargo, el crecimiento en volumen no se traduce en mejores márgenes para el productor.
La ecuación deja en evidencia un problema estructural: más litros no siempre implican más rentabilidad si el precio no acompaña y los costos avanzan por delante. La discusión vuelve a girar en torno al equilibrio de la cadena, la competitividad industrial y la necesidad de previsibilidad.
La lechería argentina es estratégica para el entramado agroindustrial, genera empleo intensivo y dinamiza economías regionales. Pero con rentabilidad negativa sostenida, la inversión se frena y la escala se concentra.
Desde la cuenca oeste insisten en que la persistente baja real en precios «debiera revertirse a la brevedad». El mercado parece dar algunas señales de alivio, pero la pregunta sigue abierta: ¿alcanzará para sacar al tambo del rojo o estamos ante una nueva etapa de ajuste en la cadena láctea?

