En el Congreso, el Presidente trazó la agenda legislativa del año y ratificó que el campo será motor de exportaciones y apertura comercial.
BUENOS AIRES – Este 1° de marzo de 2026, el presidente Javier Milei abrió el período de sesiones ordinarias en el Congreso de la Nación Argentina con un discurso de fuerte tono político y económico en el que ratificó su agenda de reformas estructurales y colocó al sector agroindustrial como uno de los pilares del modelo de crecimiento y apertura internacional. El mensaje importa -y mucho- para el campo porque anticipa proyectos legislativos que impactarán en comercio exterior, regulaciones y competitividad.
El mandatario presentó un balance de su gestión y delineó el rumbo 2026 bajo la consigna del «Año de la Grandeza Argentina». En ese marco, destacó que el país debe apoyarse en sus ventajas comparativas naturales -tierra, agua y capacidad productiva- para consolidarse como proveedor estratégico de alimentos en un escenario global atravesado por tensiones geopolíticas y demanda creciente.

Uno de los ejes centrales del discurso fue la profundización de la apertura comercial. Milei insistió en la necesidad de avanzar en acuerdos internacionales y modernizar el esquema aduanero para mejorar la inserción del país en los flujos comerciales globales.
Para el complejo agroexportador, esto implica señales claras:
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Mayor integración a mercados estratégicos, especialmente Estados Unidos.
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Revisión de marcos regulatorios que hoy afectan la competitividad.
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Simplificación administrativa y reducción de trabas al comercio.
En un contexto donde Brasil consolida su liderazgo regional y Paraguay y Uruguay ganan previsibilidad institucional, el mensaje oficial busca mostrar que Argentina quiere volver a jugar fuerte en el tablero global.

El Presidente anunció que enviará proyectos de reforma desde cada ministerio para «rediseñar la arquitectura institucional del país». Para el sector agropecuario, esto abre interrogantes concretos:
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¿Habrá cambios en el esquema impositivo que impacten sobre las retenciones?
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¿Se avanzará hacia mayor previsibilidad cambiaria para reducir la brecha y mejorar la planificación exportadora?
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¿Qué lugar tendrá el agregado de valor en origen dentro de la estrategia oficial?
Si bien no hubo anuncios específicos sobre derechos de exportación, el discurso dejó entrever que el Gobierno apunta a un esquema donde la producción y la competitividad externa sean motores centrales del crecimiento.
La referencia al potencial agroindustrial se da en un momento clave para América Latina. Brasil amplía mercados en Asia, Uruguay fortalece su posicionamiento premium en carnes y Paraguay sostiene costos competitivos.
Argentina, en cambio, arrastra problemas estructurales:
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Presión fiscal elevada
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Infraestructura logística insuficiente
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Histórica volatilidad macroeconómica
En este escenario, la apuesta oficial es que una agenda de reformas pro-mercado permita recuperar terreno perdido y volver a posicionar al complejo sojero, maicero, triguero y cárnico como locomotora exportadora.
Milei subrayó que el país tiene condiciones para garantizar seguridad alimentaria regional y participar activamente en cadenas globales de valor. En tiempos donde la trazabilidad, la sustentabilidad y la huella de carbono pesan cada vez más en los mercados internacionales, el desafío será combinar productividad con estándares ambientales crecientes.
El mensaje presidencial parece alinearse con una visión de largo plazo: menos intervención, más mercado y mayor inserción global. La pregunta que sobrevuela al sector es si esa hoja de ruta logrará traducirse en reglas estables que incentiven inversión, tecnología y agregado de valor.
La apertura de sesiones dejó una señal política clara: el Gobierno considera al agro como socio estratégico para el crecimiento. Pero el contexto regional no espera. Mientras nuestros vecinos avanzan con previsibilidad y acuerdos comerciales, Argentina necesita convertir el discurso en medidas concretas.
El potencial está. La discusión ahora pasa por cómo transformar esa promesa en competitividad real y sostenida.

