Los ataques del 28 de febrero entre Estados Unidos e Irán activaron un shock energético global. Suben el petróleo, el dólar y el oro, y el agro ya siente el impacto en fertilizantes, protección de cultivos y commodities.
El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán y Teherán respondió con misiles hacia Israel y bases estadounidenses, desatando una nueva escalada militar en Medio Oriente que amenaza al 20% del suministro mundial de crudo que atraviesa el estratégico Estrecho de Ormuz. El impacto fue inmediato: el petróleo, el dólar, el oro y los mercados globales reaccionaron con fuerza, y el efecto dominó ya alcanza al sector agropecuario mundial.
El Brent, que cotizaba cerca de US$73 por barril y acumulaba una suba del 20% en 2026, podría escalar hacia los US$80 o incluso US$100 si la confrontación se prolonga. Aunque no se confirmaron daños directos en infraestructura energética, grandes compañías suspendieron envíos en el Golfo, disparando las tarifas de flete y aumentando la incertidumbre logística global.

Para el agro, la ecuación es clara: un petróleo más caro encarece el gasoil rural, la logística de exportación, el transporte interno y, especialmente, la producción de fertilizantes nitrogenados, altamente dependientes del gas natural. En América Latina, donde gran parte de los insumos agrícolas son importados, la suba del crudo presiona directamente los costos productivos en plena campaña.
Al mismo tiempo, un eventual fortalecimiento del dólar frente a monedas emergentes impacta en el precio local de fitosanitarios, biológicos, fertilizantes fosfatados y potásicos, y otros insumos dolarizados. Esto afecta la rentabilidad de productores de soja, maíz, trigo y carne, incluso en países netamente exportadores.

Los commodities agrícolas también podrían entrar en una fase de mayor volatilidad. La historia muestra que cada shock geopolítico que afecta rutas estratégicas hacia Asia genera movimientos bruscos en los mercados de granos. La combinación de tensión energética + dólar fuerte + inflación global suele traducirse en movimientos especulativos y ajustes de precios en Chicago.
En paralelo, los inversores se refugian en activos como el oro, que ya sube más del 22% en lo que va del año, mientras el bitcoin pierde atractivo como cobertura. Este movimiento refleja una búsqueda global de protección ante un escenario que podría agregar hasta 0,7 puntos porcentuales a la inflación mundial si el petróleo alcanza los US$100.

La industria de protección de cultivos y el mercado de biológicos no quedan al margen. El aumento de los costos marítimos -con tarifas que se triplicaron en rutas clave hacia China- amenaza con afectar tiempos de entrega y márgenes en mercados emergentes.
Aunque la oferta petrolera global llega relativamente abastecida gracias al aumento de producción en Estados Unidos, Brasil y Canadá, cualquier interrupción sostenida en el Golfo podría alterar ese equilibrio rápidamente.
La conclusión es contundente: el conflicto no solo redefine el tablero energético, sino que golpea directamente al comercio agrícola global, a los fertilizantes, a los insumos estratégicos y a la estabilidad de las cadenas agroindustriales. En 2026, la geopolítica vuelve a convertirse en un factor determinante para el negocio agropecuario.

