El sector productivo celebra la aprobación de la soya HB4 en Bolivia, una tecnología que podría reducir pérdidas por sequía y fortalecer la competitividad agrícola.
La aprobación de la soya HB4 en Bolivia, una tecnología biotecnológica diseñada para tolerar condiciones de sequía, fue recibida con optimismo por el sector productivo, que ve en esta decisión una herramienta para enfrentar los impactos climáticos y mejorar la productividad agrícola del país.
El anuncio marca un paso relevante para la agricultura boliviana, especialmente en un contexto en el que las condiciones climáticas han provocado pérdidas significativas en las últimas campañas agrícolas.
El gerente general de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo), Jaime Hernández, señaló que la aprobación representa un avance importante después de varios años de gestiones impulsadas por el sector.
Según explicó, la tecnología HB4 ya superó los procesos exigidos por el reglamento de bioseguridad, incluyendo evaluaciones de campo y análisis relacionados con la seguridad para la salud y el ambiente.
El desarrollo de esta tecnología apunta a mejorar la tolerancia del cultivo a la falta de agua, una de las principales amenazas para la producción de soya en Bolivia y en otras regiones agrícolas de América del Sur.

De acuerdo con datos del sector, los efectos de la sequía han provocado en algunas campañas pérdidas de entre 400.000 y 500.000 toneladas de grano, lo que ha representado impactos económicos cercanos a 200 millones de dólares para los productores.
La incorporación de semillas con mayor resistencia a condiciones climáticas adversas podría ayudar a reducir estas pérdidas y estabilizar la producción, un factor clave para la competitividad de la cadena sojera boliviana.
Sin embargo, desde el sector productivo aclararon que la aprobación regulatoria no implica una adopción inmediata en el campo. Antes de su utilización comercial, será necesario avanzar en el desarrollo de variedades adaptadas a las condiciones de suelo y clima del país.
En ese marco, Anapo anunció que comenzará un proceso de evaluaciones en la próxima campaña de invierno, en alianza con la empresa Bioceres de Argentina y con el Instituto de Biotecnología del Paraguay.
Estas pruebas permitirán validar el comportamiento de la tecnología en condiciones productivas locales y definir las variedades que podrían ser liberadas para uso agrícola.
Si los resultados de las evaluaciones son positivos, los productores estiman que la primera variedad de soya con tecnología HB4 podría estar disponible en Bolivia el próximo año, lo que marcaría un hito en la adopción de biotecnología agrícola en el país.
La introducción de nuevas tecnologías en semillas forma parte de una estrategia más amplia para fortalecer la resiliencia del sector agrícola frente al cambio climático, mejorar los rendimientos y mantener la competitividad en los mercados internacionales de granos.
En un escenario de mayor variabilidad climática, los productores consideran que la biotecnología agrícola puede convertirse en una herramienta clave para garantizar la estabilidad de la producción y sostener el crecimiento de uno de los principales cultivos del país.

