La escalada militar en Medio Oriente dispara el petróleo, hunde bolsas y reactiva el riesgo de estanflación. Ya se evaporaron US$6 billones del mercado.

Los mercados financieros internacionales entraron en modo defensivo este lunes (9 de marzo de 2026) luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, señalara que la ofensiva militar contra Irán podría ampliarse. La reacción fue inmediata: las bolsas globales profundizaron caídas, el petróleo se disparó cerca de US$120 por barril y ya se borraron unos US$6 billones en valor de mercado desde el inicio del conflicto, reavivando el temor a un escenario de estanflación, es decir, crecimiento débil combinado con inflación elevada.
El giro en el clima financiero se aceleró después de que Trump afirmara que aún quedan objetivos en Irán por atacar y calificara un petróleo a US$100 como «un precio pequeño a pagar por seguridad y paz». Sus declaraciones redujeron las expectativas de un conflicto breve. El mercado reaccionó con fuerza. El crudo Brent llegó a subir hasta 29% intradía, su mayor movimiento en casi seis años, mientras los operadores comenzaron a descontar un shock de oferta energética más prolongado.

La presión bajista se extendió rápidamente:
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Las acciones asiáticas llegaron a caer 5,6%, la mayor baja desde abril.
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Los indicadores de volatilidad bursátil se dispararon en Japón e India.
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El dólar se fortaleció como activo refugio.
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Los volúmenes de negociación superaron ampliamente los promedios mensuales.
«El péndulo se está moviendo hacia el pánico«, explicó Danny Wong, director ejecutivo de Areca Capital, al describir una venta generalizada de activos de riesgo.
Para muchos gestores globales, el problema central no es solo la guerra, sino la naturaleza económica del shock. Un aumento abrupto del precio del petróleo tiende a elevar la inflación al mismo tiempo que frena el crecimiento, una combinación particularmente compleja para los bancos centrales.

«Los inversores están aumentando la probabilidad de un escenario adverso», explicó Rajeev de Mello, gestor macro global de Gama Asset Management. «El desafío es que este shock tiene características claramente estanflacionarias«. La tensión aumentó además tras nuevos ataques a infraestructura energética en la región, lo que alimenta el temor a interrupciones prolongadas en el suministro.
Los mercados asiáticos figuran entre los más vulnerables a la crisis.
Gran parte del petróleo y gas natural licuado que consume Asia pasa por el estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más estratégicas del mundo y ahora en el centro del conflicto.
Entre los países más dependientes figuran:
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China e India, dos de los mayores importadores de petróleo del planeta.
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Corea del Sur y Taiwán, altamente dependientes del gas para generación eléctrica.
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Indonesia, otro gran consumidor energético de la región.
La presión ya se refleja en los flujos de capital.
Los inversores extranjeros retiraron US$14.200 millones de acciones de mercados emergentes asiáticos (excluyendo China) la semana pasada, el mayor retiro desde al menos 2009.

Ante la volatilidad financiera y el salto del petróleo, varios gobiernos asiáticos evalúan medidas de estabilización de mercado y mecanismos para contener el impacto del encarecimiento del combustible en la economía doméstica. En paralelo, el shock geopolítico también está modificando las expectativas sobre la política monetaria en Estados Unidos.
Los operadores financieros comenzaron a postergar las previsiones de recortes de tasas de la Reserva Federal.
Mientras a fines de febrero el mercado descontaba un primer recorte en julio, ahora muchos inversores creen que podría demorarse hasta septiembre o incluso no ocurrir en 2026 si la inflación repunta.
La crisis en Medio Oriente se superpone además con otra preocupación creciente: si el ciclo de inversión global vinculado a la inteligencia artificial está alcanzando su punto máximo. Las valuaciones de los mercados tecnológicos -especialmente en Corea del Sur y Taiwán, centros clave de la industria de semiconductores- habían alcanzado máximos de varios años antes del conflicto.
El shock energético terminó de desencadenar la corrección.»Los inversores están pasando a una postura defensiva», señaló Jun Bei Liu, gestora del fondo Ten Cap. «El mercado intenta entender cuánto puede durar la guerra y qué impacto tendrá sobre el crecimiento global si el petróleo se mantiene en estos niveles«.

