Petróleo caro y agro en alerta: impacto desigual en América Latina

El alza del petróleo tras el conflicto en Medio Oriente impacta costos agrícolas y divide a América Latina entre países beneficiados y afectados.

El fuerte aumento del precio del petróleo tras el conflicto en Medio Oriente está generando efectos económicos desiguales en América Latina, según un informe publicado el 13 de marzo de 2026 por Goldman Sachs. El encarecimiento del crudo impacta directamente en inflación, costos energéticos y precios de insumos agrícolas como fertilizantes y transporte, lo que puede alterar la competitividad de las cadenas de valor agroalimentarias de la región.

El análisis advierte que el impacto del shock petrolero no será uniforme, ya que los países exportadores de crudo podrían beneficiarse de mejores términos de intercambio, mientras que los importadores enfrentarán mayores costos energéticos y presiones inflacionarias que afectan directamente al sector productivo, incluido el agro.

El informe destaca que el conflicto geopolítico en Medio Oriente ha alterado el mercado energético global. Goldman Sachs elevó su proyección para el precio promedio del Brent en 2026 hasta US$77 por barril, frente a los US$56 estimados a comienzos del año.

El banco también analiza escenarios más extremos. Una interrupción prolongada en el flujo de petróleo a través del estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del mundo, podría elevar el precio promedio del Brent a US$82 por barril o incluso hasta US$105 si el bloqueo se extendiera durante dos meses.

Este encarecimiento del crudo impacta directamente en la estructura de costos del agro, ya que el petróleo influye en combustibles, fertilizantes nitrogenados, logística de exportación y transporte de granos, elementos centrales de la competitividad agrícola regional.

El informe identifica a Argentina, Brasil, Colombia y Ecuador como exportadores netos de petróleo, lo que les permitiría mejorar su balanza comercial energética en un escenario de precios altos.

Goldman Sachs estima que un aumento del 10% en el precio del petróleo podría mejorar el saldo comercial entre 0,1% y 0,2% del PIB en estos países.

En particular, Argentina y Brasil han reforzado el peso del sector energético en su economía en los últimos años, impulsados por desarrollos como Vaca Muerta en Argentina y la expansión del offshore brasileño, lo que fortalece su capacidad de capturar beneficios en un contexto de precios elevados.

Este cambio también puede incrementar ingresos fiscales vinculados al sector energético, generando mayor margen para inversiones en infraestructura, logística y financiamiento agrícola.

En contraste, Chile, México y Perú aparecen como importadores netos de energía, lo que los expone a un deterioro de su balanza comercial energética cuando suben los precios del petróleo.

Según los cálculos del banco, un aumento del 10% en el precio del crudo ampliaría el déficit energético en 0,4% del PIB en Chile, 0,2% en México y 0,1% en Perú.

Para el sector agropecuario, este escenario implica mayores costos en combustible, transporte y fertilización, factores que pueden afectar la rentabilidad de los productores y presionar los precios de los alimentos.

Además, el fortalecimiento del dólar y el endurecimiento de las condiciones financieras internacionales encarecen el financiamiento para inversiones productivas en el agro y la agroindustria.

El informe también destaca que el petróleo impacta en la inflación a través de varios canales clave para el agro, entre ellos el costo de combustibles, transporte y fertilizantes.

Goldman Sachs estima que un aumento del 10% en el precio del petróleo podría agregar entre 0,1 y 0,4 puntos porcentuales a la inflación en las economías analizadas.

Este escenario podría obligar a los bancos centrales a mantener políticas monetarias más restrictivas, con tasas de interés más altas. Los modelos del banco sugieren que un shock de ese tamaño podría elevar las tasas de interés de corto plazo en 0,1 puntos porcentuales en promedio.

Para el sector agrícola, esto se traduce en mayores costos financieros para capital de trabajo, maquinaria e inversiones tecnológicas, afectando especialmente a productores medianos y pequeños.

El análisis también revisa las proyecciones de crecimiento para la región. Goldman Sachs redujo la previsión de crecimiento para América Latina a 2,1% en 2026, reflejando el impacto combinado de condiciones financieras más restrictivas, mayor incertidumbre geopolítica y desaceleración global.

Brasil registraría un crecimiento cercano al 2%, mientras que México, Chile y Perú presentan revisiones a la baja en sus perspectivas económicas.

En este contexto, el agro latinoamericano enfrenta un escenario de «tira y afloja» entre mejores precios para algunos exportadores de commodities y mayores costos energéticos para los sistemas productivos, lo que redefine la competitividad regional en los mercados agrícolas globales.

El nuevo ciclo alcista del petróleo confirma la fuerte interdependencia entre energía y agricultura en las cadenas de valor agroalimentarias globales. Mientras algunos países de América Latina podrían beneficiarse por su condición de exportadores energéticos, otros enfrentarán mayores costos productivos que impactarán en la competitividad agrícola y la seguridad alimentaria.

 

En un contexto marcado por conflictos geopolíticos, volatilidad energética y presión inflacionaria, la diversificación energética, la eficiencia logística y la tecnificación del agro emergen como factores clave para sostener la competitividad de la región en los mercados internacionales.

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