La crisis energética causada por la guerra en Medio Oriente comienza a afectar al agro global: falta de diésel, costos en alza y riesgo para la producción.

La guerra en Medio Oriente comenzó a afectar el suministro global de alimentos este mes, luego de que los ataques a infraestructuras energéticas y el cierre del estrecho de Ormuz interrumpieran los flujos de petróleo, gas y fertilizantes. La escasez de diésel ya impacta en agricultores de Asia, Europa y Oceanía, elevando costos y amenazando el calendario de siembra y cosecha, con posibles efectos en la inflación alimentaria global.
La agricultura moderna depende intensamente de la energía. Tractores, cosechadoras, sistemas de riego y transporte de granos funcionan mayoritariamente con diésel, lo que convierte al combustible en un insumo crítico dentro de las cadenas de valor agroalimentarias globales.

Sin ese suministro, los calendarios agrícolas -afinados durante décadas- pueden alterarse rápidamente, afectando la siembra, el manejo sanitario de cultivos y la logística de exportación. En consecuencia, la escasez energética puede transformarse en un problema de seguridad alimentaria internacional.
Según analistas del mercado agrícola, el impacto no necesariamente será inmediato en los precios de los alimentos, pero sí podría traducirse en inflación persistente en los costos de producción agropecuaria, que finalmente se trasladará al consumidor.
La crisis energética golpea con fuerza a países de Asia-Pacífico, altamente dependientes de combustibles provenientes de Medio Oriente. En Bangladesh, agricultores arroceros enfrentan dificultades para conseguir diésel para accionar bombas de riego subterráneo. El gobierno ya limitó la venta de combustible a dos litros diarios por persona, insuficiente para sostener las necesidades de riego de muchos productores.
Casi el 40% de las tierras cultivables del país dependen de sistemas de riego impulsados por motores diésel, lo que pone en riesgo la próxima cosecha de arroz boro, la principal del país. La situación también afecta al sector pesquero regional. En Filipinas, pescadores reportan pérdidas diarias por el aumento del precio del combustible, mientras que algunos barcos podrían quedar en puerto si no se implementan subsidios de emergencia.
La escasez energética también comienza a sentirse en Europa y Australia, regiones clave en los mercados de commodities agrícolas. En Alemania, productores reportan sobrecostos de hasta 30 euros por cada 100 litros de combustible agrícola, mientras que en Rumania los precios del diésel aumentaron alrededor del 25% desde el inicio del conflicto.
En Australia Occidental, uno de los mayores polos exportadores de trigo y cebada, proveedores de combustible están entregando menos volumen del solicitado por los agricultores. Esto podría reducir la superficie sembrada si la situación se prolonga. Productores de cereales advierten que, de persistir el racionamiento, parte de las tierras podría quedar sin cultivar, afectando las exportaciones agroalimentarias en los próximos meses.
El impacto energético no se limita al combustible. La interrupción de los flujos comerciales de fertilizantes y gas natural también presiona los costos de producción, afectando la rentabilidad del sector. Los analistas del mercado agroindustrial anticipan que el encarecimiento de insumos energéticos podría reconfigurar los flujos comerciales agrícolas, especialmente en regiones dependientes de importaciones de energía.
| Período / Año aproximado | Precio promedio del diésel (A$ por litro) | Contexto del mercado energético |
|---|---|---|
| 2004-2007 | 0,9 – 1,2 | Aumento gradual por crecimiento económico global y mayor demanda energética. |
| 2008 | ~1,7 | Pico por crisis del petróleo previa a la crisis financiera global. |
| 2009-2012 | 1,0 – 1,3 | Corrección de precios tras la crisis financiera internacional. |
| 2013-2014 | 1,3 – 1,4 | Mercado relativamente estable con oferta energética suficiente. |
| 2015-2016 | 0,9 – 1,1 | Caída del petróleo por exceso de oferta global. |
| 2017-2019 | 1,1 – 1,4 | Recuperación gradual del precio del crudo. |
| 2020 | ~0,9 | Caída abrupta durante la pandemia por menor demanda global. |
| 2021-2022 | 1,4 – 2,2 | Fuerte suba por crisis energética global y tensiones geopolíticas. |
| 2023-2024 | 1,6 – 2,0 | Alta volatilidad en mercados energéticos. |
| 2025-2026 | hasta ~2,4 | Salto de precios por el impacto de la guerra en Medio Oriente y disrupciones en el suministro energético. |
Además, el aumento de los costos de maquinaria, riego, transporte y procesamiento agrícola podría repercutir en precios FOB y CIF más altos en los mercados internacionales, afectando la balanza comercial de numerosos países importadores de alimentos.
La crisis energética derivada del conflicto evidencia la interdependencia entre energía, comercio agrícola y seguridad alimentaria. En un contexto de variabilidad climática, tensiones geopolíticas y cadenas logísticas frágiles, el abastecimiento energético se convierte en un factor estratégico para el agro mundial.
Para América Latina -uno de los mayores exportadores de alimentos del planeta- el escenario plantea tanto riesgos como oportunidades. La región posee ventajas comparativas en producción agroalimentaria, pero también enfrenta desafíos en infraestructura logística, costos energéticos y financiamiento para tecnificación agrícola.
