La aparición de garrapata en ovinos en el norte de Uruguay encendió alertas sanitarias. Especialistas advierten que refleja alta infestación y fallas en el control en los predios.
La detección de garrapata en ovinos en el norte de Uruguay encendió una señal de alerta entre técnicos y productores, ya que se trata de una situación poco habitual que suele asociarse a niveles elevados de infestación en el campo. La presencia del parásito en esta especie motivó incluso el retiro de un lote de animales de un remate, lo que puso nuevamente en foco el impacto sanitario y productivo de este problema.
Especialistas en producción ovina explican que la garrapata no tiene como huésped preferido al ovino, pero puede aparecer cuando la carga parasitaria en el predio es muy alta. En esos casos, el parásito no solo afecta al bovino, sino que también puede encontrarse en ovinos, equinos e incluso en otras especies silvestres que conviven en el campo.
De acuerdo con técnicos del sector, la presencia del parásito en ovinos suele indicar que el control en el establecimiento no está siendo suficiente. Cuando la población de garrapatas aumenta en las pasturas y no hay suficiente ganado vacuno disponible para completar su ciclo, el parásito puede subir a otras especies para alimentarse.
Aunque en Uruguay la garrapata está regulada principalmente en bovinos, se ha constatado que puede aparecer en ovinos en situaciones de alta presión parasitaria. En países como Brasil existen antecedentes de infestación en distintas especies, lo que demuestra que el parásito tiene capacidad de adaptarse cuando las condiciones son favorables.
Los técnicos señalan que la garrapata del bovino deposita miles de huevos en el campo, lo que permite que la población crezca rápidamente si no se realizan controles adecuados. Una vez que el parásito está en la pastura, cualquier animal que ingrese al potrero puede quedar expuesto, independientemente de la especie.
En sistemas mixtos, donde conviven bovinos, ovinos y equinos, el riesgo puede ser mayor si no se mantiene un manejo sanitario ordenado. La falta de tratamientos oportunos, el movimiento de animales o la presencia de fauna silvestre pueden favorecer la propagación y dificultar el control.
La aparición de garrapata en especies que no son su huésped habitual suele interpretarse como un indicador de que el problema alcanzó un nivel crítico dentro del establecimiento. Por esa razón, los especialistas recomiendan reforzar los planes sanitarios, revisar los tratamientos y monitorear de forma permanente la carga parasitaria en el campo.
El impacto no es menor, ya que la garrapata afecta la producción, reduce la ganancia de peso, provoca pérdidas económicas y puede limitar la comercialización de los animales si no se cumplen los requisitos sanitarios exigidos en remates o movimientos.
El sector ovino observa con preocupación estos episodios, porque reflejan que el control del parásito sigue siendo un desafío en varias regiones. La experiencia muestra que cuando la infestación se desborda, el problema deja de ser individual y pasa a comprometer la sanidad de todo el predio.
La recomendación de los técnicos es mantener programas de control constantes, coordinar acciones entre productores y evitar que la población de garrapatas alcance niveles que obliguen al parásito a buscar nuevos huéspedes, una señal clara de que la situación sanitaria está fuera de equilibrio.

