Carne vacuna: el consumo cayó a mínimos de 20 años por suba de precios

El consumo de carne vacuna se desplomó 13,8% y marcó el nivel más bajo en dos décadas, en un mercado con menor oferta y precios en alza.

En el primer bimestre de 2026, el consumo de carne vacuna en Argentina cayó 13,8% interanual hasta 332.700 toneladas, con un consumo per cápita de 47,3 kilos anuales -el nivel más bajo en 20 años-, en un contexto de menor producción, suba de precios y fuerte presión exportadora que impacta de lleno en el mercado interno.

El dato, relevado por la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (Ciccra), confirma un cambio estructural en uno de los pilares históricos de la alimentación y la cultura del campo argentino. La caída del consumo no solo refleja el deterioro del poder adquisitivo, sino también las tensiones propias de la cadena de valor ganadera, donde la oferta se redujo significativamente.

Menor actividad en la faena y caída de la oferta: la escasez de hacienda presiona los precios y reduce el consumo, frente al avance del pollo y el cerdo.
 

Menor actividad en la faena y caída de la oferta: la escasez de hacienda presiona los precios y reduce el consumo, frente al avance del pollo y el cerdo.

Durante el período analizado, la faena bovina mostró una caída marcada: en febrero se procesaron 924.300 cabezas, un 10,7% menos que un año atrás, mientras que en el acumulado del bimestre la baja fue del 11,1%. Este retroceso se tradujo en una menor producción de carne, que alcanzó las 457.000 toneladas res con hueso, un 9,1% menos interanual.

La menor disponibilidad de hacienda responde a factores estructurales. La combinación de sequías prolongadas entre 2021 y 2024 y excesos hídricos posteriores provocó una liquidación anticipada de vientres y una reducción del stock ganadero. Este fenómeno impacta directamente en la disponibilidad de terneros y limita la recuperación del rodeo, condicionando la oferta futura.

Faena en frigorífico: menos hacienda disponible impacta en precios y consumo.

Faena en frigorífico: menos hacienda disponible impacta en precios y consumo.

A este escenario se suma un dato clave: la elevada participación de hembras en la faena. En febrero representaron el 48% del total, y en el bimestre el 47,7%, niveles que superan los parámetros compatibles con una fase de crecimiento del rodeo. Esto implica que el sistema está sacrificando capacidad reproductiva, afectando la sustentabilidad del negocio ganadero a mediano plazo.

En paralelo, las exportaciones de carne vacuna se mantuvieron firmes, con 124.000 toneladas enviadas al exterior en el primer bimestre, un 6,6% más que en igual período del año anterior. Este dinamismo exportador, clave para el ingreso de divisas en los agronegocios, reduce aún más la oferta disponible en el mercado interno.

El consumo de carne quedó en el nivel más bajo en 20 años

Año – Consumo kg/hab – Variación destacada:

 

Año Consumo (kg/hab/año) Variación / Observación
2005 62,2
2006 61,8
2007 64,7
2008 68,4 Pico histórico reciente
2009 67,6 Alto nivel
2010 65,7
2011 57,2 Fuerte caída
2012 56,4
2013 59,6 Recuperación
2014 62,6
2015 58,5
2016 59,0
2017 56,1
2018 58,8
2019 55,9
2020 51,1 Caída marcada
2021 49,9
2022 50,1 Estabilización
2023 51,7 Leve mejora
2024 51,6
2025 48,6 Baja
2026 47,3 Mínimo en 20 años (-2,5% anual)

 

Con menos hacienda y mayor presión externa, los precios reaccionaron al alza. En febrero, el valor del ganado en pie subió 8,5% mensual y acumuló un incremento interanual del 72,7%, alcanzando los niveles más altos en términos reales de los últimos 15 años. Este aumento se trasladó rápidamente al consumidor.

Según datos del Indec, los precios de «carnes y derivados» aumentaron 7,2% en febrero en el Gran Buenos Aires, más del doble que el promedio de alimentos. En el acumulado del bimestre, las subas rondaron el 11%, casi duplicando la inflación general. Cortes populares como el asado, la nalga, la paleta y la carne picada registraron incrementos de entre 10% y 12%.

La pérdida del poder de compra hundió el consumo.
La pérdida del poder de compra hundió el consumo.

Este cambio en los hábitos de consumo. La carne vacuna pierde terreno frente a alternativas más económicas como el pollo y el cerdo, lo que modifica la estructura de la demanda interna y plantea nuevos desafíos para la comercialización del sector.

Desde una mirada productiva, el escenario obliga a replantear estrategias. La mejora en la eficiencia de los sistemas, la incorporación de tecnología en el feedlot, la optimización del uso de insumos y la planificación a largo plazo serán claves para sostener la rentabilidad en un contexto de alta volatilidad.

El mercado de la carne vacuna atraviesa así una etapa de transición, donde confluyen factores climáticos, económicos y productivos. La recuperación del stock ganadero y la estabilización de precios serán determinantes para revertir la tendencia.

 

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