El aumento de los fertilizantes y la falta de humedad generan márgenes más finos en el trigo, clave para la rotación agrícola.
El trigo 2026/27 empieza a definirse en marzo de 2026 con dos factores clave: la suba de los fertilizantes y la falta de humedad en algunas zonas de la región pampeana, lo que ajusta los números pero no descarta el cultivo.
Tras una campaña récord, el cereal entra en una etapa más desafiante. En parte del este bonaerense, los perfiles aún no están completamente recargados, mientras que el aumento de los fertilizantes impacta directo en los costos.
Los números preliminares muestran una ecuación más ajustada, pero todavía viable. Con un rinde estimado de 45 qq/ha y un precio de 215 US$/t, el ingreso ronda los 725 US$/ha.

El trigo en desarrollo, con costos en alza que exigen mayor precisión en el manejo del cultivo.
Del lado de los costos, la fertilización se lleva una parte importante: unos 190 US$/ha con valores actuales de urea y fosfatos. Sumando siembra, agroquímicos, semilla y labores, el costo técnico se ubica cerca de los 419 US$/ha.
Si se incorpora el arrendamiento, el total llega a unos 599 US$/ha, dejando un margen positivo, aunque más ajustado que el año pasado. En este escenario, el peso de los fertilizantes es determinante: representan cerca del 26% del ingreso, lo que obliga a afinar decisiones en dosis, momento de compra y manejo del lote.
El esquema sigue apoyándose en la rotación trigo-soja, clave dentro de la siembra directa para sostener la sustentabilidad y mejorar la eficiencia del sistema. Aún falta tiempo para la siembra y hay variables que pueden jugar a favor: cambios en los precios, estrategias comerciales y mejores condiciones climáticas.
El trigo no pierde lugar en el planteo productivo, pero exige mayor precisión. Más que una señal de alarma, el escenario plantea un cultivo que demanda manejo fino para sostener la rentabilidad.

