Técnicos del INTA evaluaron enfermedades radiculares en nogales del Valle Inferior y advierten sobre riesgos sanitarios y manejo preventivo.
El 25 de marzo de 2026, especialistas del INTA Valle Inferior realizaron un relevamiento sanitario en plantaciones de nogal en el Valle Inferior del Río Negro ante la sospecha de enfermedades radiculares vinculadas a Phytophthora, un patógeno de alto impacto global. La investigación es clave porque puede afectar la rentabilidad y la sustentabilidad de este cultivo estratégico en la fruticultura regional.
La sanidad vegetal en el cultivo de nogal (Juglans regia) se posiciona como un eje crítico dentro de los agronegocios regionales, especialmente en la Patagonia Norte, donde las condiciones edafoclimáticas pueden favorecer la aparición de patógenos de suelo. En este contexto, el trabajo del INTA cobra relevancia para anticipar riesgos y fortalecer las buenas prácticas agrícolas (BPA).
El estudio no solo apunta a confirmar la presencia de enfermedades, sino también a generar recomendaciones técnicas que permitan sostener los rindes, mejorar la calidad productiva y asegurar la competitividad en la cadena de valor.
El relevamiento fue llevado adelante por el equipo de Fruticultura del INTA Valle Inferior e incluyó muestreos en ocho establecimientos durante otoño y primavera de 2025. Se analizaron sectores donde los árboles presentaban síntomas como decaimiento, amarillamiento foliar, menor desarrollo de frutos y lesiones en el cuello del tronco.
Aunque no se logró aislar Phytophthora en las 13 muestras procesadas, los especialistas advierten que esto no descarta su presencia en el campo. La distribución irregular del patógeno y las limitaciones técnicas en su aislamiento son factores que complejizan el diagnóstico.
Las condiciones locales juegan un rol determinante. Suelos arcillosos, compactación y sistemas de riego gravitacional generan ambientes propicios para enfermedades radiculares. Estos factores, combinados con manejos inadecuados, pueden comprometer la sanidad vegetal y afectar la rentabilidad del productor.

Además, se detectó la presencia de Pythium sp., un oomiceto que actúa como patógeno oportunista en situaciones de estrés, lo que refuerza la necesidad de un enfoque integral en el manejo sanitario.
Ante la falta de tratamientos curativos efectivos, el eje debe estar puesto en la prevención. Entre las principales recomendaciones técnicas se destacan:
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Optimizar el drenaje del suelo para evitar anegamientos.
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Monitorear la humedad y el nivel freático.
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Evitar excesos de riego y fertilización nitrogenada.
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Reducir la compactación mediante menor tránsito de maquinaria.
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Implementar monitoreos sanitarios frecuentes, especialmente en primavera.
Estas estrategias se alinean con criterios de sustentabilidad y tecnificación del campo, fundamentales para reducir riesgos y mejorar la eficiencia productiva.
El principal desafío radica en mejorar los sistemas de diagnóstico temprano y fortalecer la adopción de tecnologías de monitoreo. La articulación con organismos como el INTA y el SENASA resulta clave para avanzar en estrategias de sanidad vegetal.
Al mismo tiempo, se abren oportunidades para incorporar innovación en el manejo del suelo, optimizar la logística del riego y avanzar hacia sistemas productivos más resilientes frente al cambio climático.

