El aumento de fertilizantes y la incertidumbre global anticipan una caída en el área triguera, pese al buen perfil hídrico en regiones clave.
La siembra de trigo 2026/27 en Argentina podría caer, según anticipó la Bolsa de Cereales de Córdoba en marzo de 2026, debido al fuerte aumento de costos -especialmente fertilizantes- en un contexto internacional marcado por la guerra en Medio Oriente, lo que impacta directamente en la rentabilidad del productor y condiciona decisiones clave en el campo.
El cereal, pieza estratégica dentro de la rotación y la siembra directa, enfrenta un escenario complejo donde los márgenes se achican. Si bien la disponibilidad de humedad en los perfiles aparece como un factor positivo, no alcanza para compensar el deterioro económico que atraviesan los productores.
En este contexto, el trigo argentino vuelve a quedar expuesto a una combinación de variables externas e internas que afectan la rentabilidad, la planificación de la campaña fina y la sustentabilidad del sistema productivo.

La Bolsa de Cereales de Córdoba proyecta una superficie de 1,4 millones de hectáreas, lo que representa una caída del 3% interanual. Aunque el área se mantiene por encima del promedio histórico, el dato confirma una tendencia de ajuste. El diagnóstico coincide con informes de la Bolsa de Comercio de Rosario y Coninagro, que advierten sobre márgenes cada vez más estrechos en los agronegocios. En este escenario, el productor enfrenta una ecuación cada vez más ajustada entre costos, precios y rindes esperados.
Uno de los principales factores que condicionan la campaña es el incremento de los insumos, en particular los fertilizantes. La urea registró subas del 25% en apenas un mes, mientras que productos fosfatados también aumentaron. Este fenómeno está directamente vinculado al contexto global: la guerra en Medio Oriente elevó el precio del petróleo, impactando en toda la cadena de valor agrícola.

Según datos sectoriales, los fertilizantes nitrogenados subieron entre 150 y 200 dólares, afectando de lleno los costos de implantación y comprometiendo la rentabilidad del cultivo. Con un rinde objetivo de 40 qq/ha y precios estimados en 216 u$s/tn, los márgenes se vuelven extremadamente finos. El rinde de indiferencia se ubica en:
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35 qq/ha en campo propio
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44 qq/ha en campo alquilado
Esto implica que muchos productores quedan al límite de cubrir costos, especialmente considerando fletes, impuestos y arrendamientos. En regiones clave como el sur santafesino, técnicos advierten que los números «no cierran», lo que podría derivar en una reducción del área o en ajustes en la fertilización, afectando potencialmente los rindes y la sanidad vegetal.
A pesar del contexto adverso, el clima aparece como un factor decisivo. La buena humedad en los perfiles genera expectativas positivas y podría sostener parte del área sembrada.
El principal desafío para el trigo argentino pasa por recomponer la rentabilidad en un contexto de alta volatilidad. Factores como las retenciones, la falta de crédito agropecuario competitivo y la presión de costos limitan el potencial del cultivo.
Sin embargo, existen oportunidades claras:
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Mayor demanda global de alimentos (seguridad alimentaria)
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Posibilidad de agregar valor en origen
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Uso de herramientas del mercado de futuros para cubrir riesgos

