Investigaciones del INTA revelan que el bovino Criollo resiste la garrapata, abriendo nuevas oportunidades productivas.
El bovino Criollo argentino fue identificado como una de las razas con mayor resistencia natural a la garrapata común del bovino, según investigaciones del INTA desarrolladas durante más de 40 años y reafirmadas recientemente, un avance que resulta clave en 2026 por su impacto directo en la sanidad animal, la reducción de costos y la mejora de la rentabilidad en los sistemas ganaderos del Norte Grande.
En un contexto donde el control de parásitos demanda cada vez más insumos, uso intensivo de agroquímicos y mayores costos operativos, esta evidencia posiciona al bovino Criollo como una herramienta estratégica dentro de los agronegocios argentinos. Su incorporación en rodeos comerciales o en esquemas de cruzamiento permite avanzar hacia sistemas más eficientes, con mejor trazabilidad sanitaria y menor dependencia de tratamientos químicos.

La problemática no es menor. La garrapata Rhipicephalus microplus representa uno de los principales desafíos sanitarios del país, ya que impacta directamente en el rinde productivo al reducir la ganancia de peso del ganado bovino, deteriorar el cuero y aumentar la incidencia de enfermedades como la babesiosis y la anaplasmosis, que integran el denominado «Complejo Tristeza Bovina». Estas patologías generan pérdidas económicas significativas y afectan la cadena de valor ganadera, especialmente en regiones cálidas y húmedas.
Frente a este escenario, los estudios del INTA aportan una ventaja diferencial. Investigaciones que comenzaron en la década del 90 con mediciones de parasitismo natural y que hoy incorporan herramientas de genómica aplicada, demostraron que la resistencia del bovino Criollo está determinada por un conjunto complejo de mecanismos biológicos y posee una heredabilidad suficiente para ser incorporada en programas de mejoramiento genético.
Este rasgo no es casual. El bovino Criollo es el resultado de más de 500 años de selección natural en condiciones adversas, lo que le permitió desarrollar una notable adaptabilidad, rusticidad, facilidad de parto y longevidad. Su origen ibérico, en interacción histórica con parásitos del mismo género, explica en parte esta capacidad de respuesta frente a la infestación.

Los avances más recientes integran el análisis de más de 48.000 marcadores genéticos (SNP), combinados con información fenotípica y genealógica, lo que permitió identificar regiones cromosómicas asociadas a una menor carga parasitaria. Este enfoque abre la puerta al desarrollo de bioindicadores de resistencia, una herramienta clave para avanzar hacia una selección más precisa y eficiente dentro de los sistemas productivos.
En términos productivos, el aporte es significativo. Reducir la carga parasitaria implica mejorar la eficiencia reproductiva, disminuir pérdidas, optimizar la conversión y reducir costos sanitarios. Además, se alinea con las buenas prácticas agrícolas (BPA) y los objetivos de sustentabilidad, al disminuir la dependencia de tratamientos químicos y minimizar el impacto ambiental.
Desde el INTA también destacan que el bovino Criollo permite conformar rodeos más estables, con alta fertilidad, mayor permanencia de las vacas en el sistema y un temperamento que facilita el manejo. Estas características, sumadas a su resistencia natural, lo posicionan como una alternativa concreta para mejorar la rentabilidad y la resiliencia frente al cambio climático.
En paralelo, se continúan evaluando estas características en distintos ambientes, como los malezales de Corrientes, buscando validar su desempeño en condiciones productivas reales. Esta línea de trabajo refuerza el concepto de que la innovación genética puede integrarse con la tecnificación del campo para generar sistemas ganaderos más competitivos.

