El diputado Juan José Bahillo alertó sobre la crítica rentabilidad del agro argentino. Costos en dólares, combustibles y caída de precios presionan al sector.
El diputado entrerriano Juan José Bahillo advirtió que el sector agropecuario «va camino a la quiebra«, marcado por el aumento sostenido de costos en dólares, el fuerte incremento del combustible y la caída de los precios internacionales de los granos. La situación, según explicó, impacta de lleno en la rentabilidad del productor y acelera un proceso de descapitalización en el campo argentino.
Los datos respaldan esa preocupación. De acuerdo a un informe de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, hoy se necesitan 355 toneladas de soja para adquirir un tractor, cuando en 2022 eran necesarias 186 toneladas. El deterioro del poder de compra refleja con claridad el desbalance entre ingresos y costos, afectando la capacidad de inversión en maquinaria e insumos clave para sostener la siembra, la cosecha y los rindes.

Bahillo fue contundente al describir el escenario: «La situación del sector primario es muy mala respecto a 2023», y detalló que la inflación en dólares alcanzó el 35%, mientras que los costos de fertilizantes, fitosanitarios, semillas y maquinaria subieron alrededor de un 30% en moneda dura. En paralelo, los precios internacionales de los granos registraron caídas de entre el 20% y el 30%, generando un escenario de presión constante sobre los márgenes productivos.
Costos en alza, combustible y un «efecto tijera» que golpea al productor
El análisis del exministro expone un «efecto tijera» cada vez más pronunciado: mientras los costos aumentan, los ingresos se reducen. En este contexto, aunque los precios en pesos de los granos subieron entre un 110% y un 120%, ese incremento quedó por detrás del alza en los costos, consolidando una ecuación económica negativa para el campo.

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Uno de los factores más determinantes es el combustible, un insumo central en toda la cadena productiva. Bahillo aseguró que su precio aumentó cerca de un 500% en los últimos dos años, impactando directamente en la logística, el transporte y las labores agrícolas, desde la siembra hasta la cosecha. Este encarecimiento repercute en toda la estructura de costos y condiciona la competitividad de los agronegocios.
A pesar de que en algunas regiones se registraron buenos rindes, el legislador remarcó que esto responde a condiciones climáticas favorables y no a un esquema económico que acompañe al productor. «Hay buenos resultados porque llovió en tiempo y forma, no por políticas que hayan ayudado al sector«, afirmó, al tiempo que subrayó la necesidad de generar condiciones que garanticen la sustentabilidad de la producción primaria, clave en la generación de divisas para el país.
Advirtió que la falta de medidas estructurales y el deterioro de la rentabilidad están erosionando la capacidad productiva del sector, afectando tanto a productores como a toda la cadena de valor vinculada al agro.

