Especialistas del INTA recomiendan analizar suelos, medir agua útil y planificar la fertilización para mejorar rindes y eficiencia en la próxima siembra.
En la antesala de la campaña fina 2026, especialistas del INTA Oliveros alertaron sobre deficiencias nutricionales en los suelos y la necesidad de anticipar decisiones clave, como el análisis de suelo, la medición del agua útil y la planificación de la fertilización. El enfoque cobra relevancia porque impacta directamente en el rinde, la rentabilidad y la sustentabilidad del sistema productivo.
En un contexto donde los márgenes son ajustados y el clima sigue siendo una variable crítica, desde el organismo remarcan que la planificación agronómica temprana es determinante para sostener los niveles productivos del campo argentino. La combinación de información precisa y manejo eficiente de insumos se vuelve central para enfrentar la próxima siembra.
Uno de los primeros pasos es definir la ocupación del suelo en función de la disponibilidad hídrica. Según explicó Fernando Salvagiotti, del INTA, medir la recarga del perfil permite decidir qué cultivo implantar y en qué momento. Este dato es especialmente relevante en regiones donde las lluvias invernales son limitadas y el desempeño del cultivo depende del agua acumulada al inicio del ciclo.
En este sentido, los técnicos recomiendan evaluar el contenido hídrico del suelo hasta profundidades de hasta dos metros, lo que permite proyectar con mayor precisión el comportamiento del trigo u otros cultivos de la campaña fina. El manejo del agua se consolida así como un factor decisivo dentro de la estrategia productiva.
En paralelo, la fertilización aparece como uno de los principales desafíos técnicos. Desde el INTA advierten que el manejo de la nutrición es, en muchos casos, insuficiente, con un déficit marcado de nitrógeno. Por ello, se recomienda realizar análisis de suelo hasta los 60 centímetros de profundidad, preferentemente entre mayo y junio, para estimar la disponibilidad de nutrientes y ajustar las dosis de aplicación.
Una de las estrategias más eficientes es fraccionar la fertilización nitrogenada, lo que permite adaptar el aporte de nutrientes a las necesidades del cultivo y a las condiciones climáticas. Además, esta práctica ofrece mayor flexibilidad frente a limitaciones financieras, optimizando el uso de insumos y reduciendo riesgos.
El diagnóstico no debe limitarse al nitrógeno. Los especialistas subrayan la importancia de considerar también fósforo y azufre, especialmente en esquemas de doble cultivo, donde la exigencia nutricional del sistema es mayor. «Muchas veces se fertiliza pensando solo en el trigo y se descuida el cultivo siguiente», advierten, lo que termina afectando la productividad global.
En este marco, la planificación de secuencias como trigo/soja o trigo/maíz requiere una mirada integral. La fertilización debe pensarse a nivel sistema, contemplando toda la rotación y no únicamente el cultivo inicial. Este enfoque permite evitar desequilibrios nutricionales y mejorar la eficiencia del sistema productivo.
Otro aspecto clave es la creciente disponibilidad de información técnica. Desde el INTA destacan que en los últimos años se generaron datos y modelos que permiten estimar la dinámica del agua en el suelo y mejorar la toma de decisiones. Este avance en conocimiento fortalece la tecnificación del agro argentino, brindando herramientas concretas para reducir incertidumbre.
Además, los especialistas recomiendan a los productores acercarse a las estaciones experimentales para acceder a asesoramiento y datos actualizados. La articulación entre ciencia y producción se vuelve fundamental para enfrentar los desafíos actuales del agro.
En definitiva, la próxima campaña fina exigirá mayor precisión en el manejo de suelos, agua y fertilización. En un escenario de variabilidad climática y costos en alza, anticiparse con información y planificación será clave para sostener la rentabilidad y mejorar la eficiencia productiva. El desafío no solo pasa por producir más, sino por hacerlo mejor, consolidando sistemas más sustentables y resilientes.

